sábado, 6 de febrero de 2016

Palabra comprometida

Por Nerea Martínez

Elliot Eisner introduce en Cognición y curriculum, una visión nueva para la educación. En el prefacio del libro nos sugiere su propia teoría del conocimiento, nos deja entrever ,la importancia de nuestras capacidades sensoriales para construir nuestra “vida ideativa”, lo que define como las fuentes del contenido de nuestra vida mental. Tras esta afirmación plantea que desde Platón, se han esquivado y dejado en el olvido los sentidos ya que no eran una forma fiable de conocimiento. De hecho, afirma que para Platón, lo mismo que para más tarde la ilustración, y para la pedagogía contemporánea,  el mundo de lo empírico y sensible son más bien un estorbo que no permiten comprender el universo limpio. En suma, la importancia de los sentidos es crucial ya que es a través de ellos como se experimenta el mundo en el que vivimos.
Naturalmente, no voy a entrar en problemas epistemológicos. No pretendo escribir una tesis sobre teorías del conocimiento desde la antigüedad. Sin embargo, si creo importante contextualizar un poco estas ideas que Eisner reivindica como nuevas y que nos suenan tan cercanas a día de hoy en el ámbito educativo. John Dewey (1859-1952) , critica en su época el sistema educativo norteame-ricano , es el padre del famoso “ aprender haciendo” , que tanto hemos escuchado. Pensaba que había que relacionar el aprendizaje con la experiencia. No es casualidad que tanto John Dewey como Elliot Eisner teoricen sobre la posible reforma educativa en América y reivindiquen la práctica y el experimento como forma de conocimiento. En esos años, nace y se consolida la filosofía pragmática, o dicho de otro modo la filosofía de la acción, que considera verdadero aquello que puede realizarse con la práctica y que tiene utilidad. Las teorías de sociología se consolidan y desarrollan en la primera gran escuela de Chicago de Sociología de los Estados Unidos a principios del siglo XX, donde intervenían diferentes áreas de conocimiento, filosofía, antropología, y en las que se promov-ía el aprender de la sociedad, observando. Por esto, las clases debían reproducir la vida, y los alum-nos debían aprender de sí mismos siendo los propios sujetos de su investigación. Son los métodos cualitativos, que atienden a la importancia del yo, de la subjetividad que no puede despojarse de la realidad y que es un factor indispensable para conocerla. Se promueve el ser autoreflexivo, comuni-carse, o adoptar los papeles de los demás. Se preguntan cómo aprendemos, de acuerdo con las teor-ías del momento George H. Mead plantea que las personas ajustan sus acciones en respuesta a los demás, por lo que nuestra conducta está continuamente reconstruyéndose.
Pues bien, por algún motivo, se ha recogido en forma de religión todo esto que llaman pedagogía constructivista. Y digo religión porque a mi modo de ver, es en lo que algo se convierte cuando no existen otros puntos de vista para complementar la información y por tanto se genera la fe ciega en algo o alguien que, paradójicamente, no conocemos. Porque la forma que tenemos de conocer las cosas es comparándolas con otras. En la actualidad, los expertos nos dicen que la educación sufre de grandes problemas, sobre todo porque estamos en un momento decisivo , porque va a producirse un “salto evolutivo” en su historia, al que no deberíamos estar ajenos. Nos alertan de una situación futura en la cual no sabremos cómo actuar. Basta ya. ¿ Cómo solventan esta situación catastrófica? En el reciente libro blanco de la profesión docente, Marina y otros proponen: “y la meta no son solo los niveles de alfabetización o de conocimientos aritméticos. Se trata de aprender a aprender - ¿esto nos suena de antes?- de llegar a ser pensadores y aprendices autónomos, de resolver problemas, trabajar en equivoco conocer la realidad, se trata de adaptabilidad en un mundo global de tecno-logías, conflicto y complejidad. Este mensaje transmite miedo, un mundo global de tecnologías con-flicto y complejidad en el que nuestros niños no sabrán adaptarse ni nosotros tampoco. Mientras toda esta capa oscura nos cubre los ojos, olvidamos ver más allá, y queda en el olvido el contenido y la materia porque ya no es importante. Surgen entonces ejemplos de un profesor como “un hombre maravilloso” o la energía generosa, la responsabilidad ética de la docencia, palabras que nos llenan la boca de idealización.
Soy alumna del Master de Profesorado de la Complutense, con este título obtienes la formación para poder ejercer como profesor en secundaria en colegios privados y en públicos si superas la oposición. En éste master nos ofrecen una formación teórica, la primera mitad del master y una formación práctica, la segunda. Tenemos en total seis asignaturas y en ninguna de ellas, hemos visto los pensadores que han escrito sobre educación a lo largo de la historia. Ni tan siquiera teorías educativas. Hablan de multidisciplinaridad. Podríamos estudiar sociología, historia, psicología, filo-sofía, aplicada a la educación. Pero no, nos dedicamos a hacer modelos de programaciones, unida-des didácticas, incluso videojuegos, sin tener ni idea de pedagogía porque somos nosotros mismos quienes debemos “aprender a aprender”. Algunos profesores llegan tarde a clase, no hay disciplina, y la gran parte de los trabajos por no decir el 98% que debemos realizar son en grupo, porque el trabajo es más ameno y se aprende mucho de los demás. No tenemos autodisciplina porque no en-tendemos que para estudiar hay que esforzarse, y esforzarnos no nos gusta. Entonces no nos exigen que estudiemos, más que lo fundamental y útil que será lo justo que necesitemos para cuando sea-mos “profesionales”. Asentimos a cualquier cosa que nos dicen, porque no tenemos argumentos para reflexionar. Nuestra responsabilidad ética no existe, porque ella no nace exclusivamente de estar con los demás. La responsabilidad ética que se nos reclama es un proceso crítico que empieza por el conocimiento. Necesitamos contenidos, y necesitamos a profesores que tengan materia que enseñar, porque nosotros , como todos los niños, tenemos derecho a una educación con contenido, real, y por tanto de calidad. Es por todo esto que si uno quiere aprender, hoy, ya no puede ir ni a la escuela, ni a la universidad, ni al master.
Si hoy quieres aprender tienes que hacerlo por tu cuenta. ¿ Dónde nos van a enseñar, historia, len-gua, matemáticas, filosofía, ciencias, biología, física, si no es en la escuela?. Dicen que la escuela debe ser como la vida, y deben tener los ojos vendados, porque vivimos en una sociedad capitalista, enferma, en la que las personas que la constituyen no saben qué hacer con su tiempo libre más que comprar y tener dinero para ser aparentemente “ más felices” y ocupar un puesto en la jerarquía social más importante. Ya que la escuela es vida- dicen- se recrea un mercado en la clase para que aprendan matemáticas y puedan ponerlo en práctica en su día a día,  o se orienta al alumno para que interactúe con los demás.  Fernando Savater, apunta:

“Cuanto más inculto es alguien más dinero necesita para pasar los fines de semana. Porque las personas incultas son como esos países que tienen que importarlo de fuera porque no producen nada. Les sale carísimo la balanza de pagos, tienen que traerlo todo de fuera porque no saben pro-ducir nada ellos mismos.” 

Y esto es lo que está pasando. Sólo hace falta salir un día por la tarde y observar como decía el método cualitativo de investigación social las personas para entender el mundo en el que vivimos. Con este artículo no pretendo menospreciar teorías pedagógicas, simplemente me gustaría esclarecer que el conocimiento es una herramienta indispensable para formarnos como personas y adoptar nuestra responsabilidad como seres humanos. Los profesores tienen el papel de transmitir y enseñar conocimientos. Más allá del cómo enseñarlo primero tiene que haber un qué, y sin un contenido de nada valdrán fórmulas didácticas. Tenemos muchas ganas de aprender, sólo necesitamos maestros que tengan conocimientos relevantes que enseñarnos. Por supuesto, esto requiere, esfuerzo, exigen-cia, y ser comprometido. Kandinsky , en lo espiritual en el arte, recuerda ;  “el que no trabaja in-cansablemente, y lucha sin cesar contra el naufragio, acaba por hundirse sin remedio.” Si el capitán se hunde, con él su tripulación.

T. Gericault, La balsa de la medusa, 1819

Recursos Bibliográficos:

EISNER, E.W(1994).Cognición y curriculum. Una visión nueva. Edición Amorrortu.
KANDINSKY, V. De lo espiritual en el arte: contribución al análisis de los elementos pictóricos. Edición  Paidos Ibérica, 1996.
El texto que sigue se publicó originalmente en Perspectivas: revista trimestral de educación compa-rada (París, UNESCO: Oficina Internacional de Educación), vol. XXIII, nos1-2, 1993,
págs. 289-305. John Dewey ( 1959-1952).
ISABEL, A.B.G. El método biográfico en Sociología. Universidad de León.
MARINA, J.A. PELLICER .C. MANSO.J.Libro blanco de la profesión docente y su entorno esco-lar.
SAVATER, F. La cultura como alegría de vivir: diversión y reflexión. Video de Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=oYYlfVoynBk

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