martes, 9 de febrero de 2016

El museo como lugar para el conocimiento y la transversalidad.

Por Mari Nieves Vergara

Según cuentan los historiadores, se cree que el primer espacio que tuvo la función del museo como se conoce hoy en día fue fundado por Ennigaldi, princesa del Imperio Neo-Babilónico. El museo se emplazaba en la ciudad de Ur, al sur de Mesopotamia y se creó con un fin pedagógico, pues Ennigaldi estaba interesada en enseñar historia a través del mismo. Al parecer, los objetos que lo conformaban tenían siglos de antigüedad y provenían de aquella zona geográfica. Ennigaldi vio, en la constitución del museo que los albergaba, una vía de enseñar a través de ellos, al intuir la fuerza y la facultad comunicativa de la imagen o el objeto, en este caso.
Desde una perspectiva actual, podemos poner la etiqueta de “museo” a esta práctica emprendida por Ennigaldi, debido a la naturaleza que éstos mantienen a día de hoy. Sin embargo, en aquel momento no se sabe qué palabra se utilizaría para designar aquel lugar. La palabra “museo” se origina en la Grecia arcaica, refiriendo en su origen etimológico al tipo de actividades desarrolladas en relación con las musas y relativas, por lo tanto, al ámbito humanístico y también al científico. Así, el museo, la institución de las musas, era precisamente el lugar donde se daba la confluencia entre disciplinas como el arte, la filosofía, las ciencias naturales, la geometría, la matemática o la literatura, entre otras. Se consideraba un lugar para el conocimiento, siendo un claro ejemplo de ello la famosa Biblioteca de Alejandría que, aunque haya pasado a la historia como tal, estaba adscrita y era dependencia del llamado Mουσεῖον o Museo de Alejandría. El museo estaba conformado por un complejo que no sólo contenía su gran biblioteca, sino que albergaba otros espacios como salas de laboratorio, de conferencias o jardines, así como estancias destinadas al diálogo. Su piedra angular era la investigación, funcionando como un lugar para el intercambio y la discusión, para la divulgación de ideas. Así pues, en este punto, el museo se concebía como algo más que un lugar donde exponer obras de arte, o como un museo arqueológico o de ciencias: se trataba de un todo, de un espacio vivo que albergaba el conocimiento perteneciente a diferentes disciplinas; éstas, al constituir una misma realidad y emplazamiento, podían y tenían la facilidad de generar lazos retroalimentándose entre sí. Su importancia tanto para el desarrollo cultural como para el científico fue clave.
Sin embargo, este complejo no permitía la entrada de todos los públicos. En este sentido, encontramos en la museología que el museo no se abre a la esfera pública, desde una perspectiva histórica, hasta hace relativamente poco, siendo el primero de ellos el caso del Museo de Arte Contemporáneo de Basilea, originalmente privado aunque público desde 1671. A partir de este momento, irían surgiendo más museos públicos en Europa a lo largo de los siglos XVIII y XIX, provenientes de colecciones privadas o gabinetes de curiosidades. En el caso de Francia, el surgimiento de la educación y el museo públicos coinciden en fecha: con la Revolución Francesa, el Estado se hace responsable tanto de los bienes culturales de la aristocracia así como de la parcela relativa a la educación, la cual pertenecía a la Iglesia. Así, surgiría el Louvre de Paris, abierto en 1793 con libre acceso al público. Pero el museo ya no tenía el espíritu que mantenían el Museo y la Biblioteca de Alejandría: surgiendo en la mayoría de los casos a partir de colecciones privadas o gabinetes de curiosidades, éste adquiría, principalmente, una función expositiva. Tampoco se aunaban en él diferentes disciplinas, salvo en casos como el del British Museum de Londres, el cual fue abierto al público en 1759 con la idea de ser un “museo universal”, integrando diferentes campos de conocimiento. Generalmente, los museos comenzaron a disgregarse por disciplinas (arte, arqueología, ciencias naturales, historia, etc.) manteniéndose en todos la función expositiva sobre la de investigación. A pesar de ello, esta concepción iría mutando con el desarrollo de los siglos XIX y especialmente en el XX, entrelazándose a la función expositiva una serie de prácticas emprendidas por diferentes artistas que cuestionaron, precisamente, cuál era el sistema y la función del arte dentro y fuera de la institución.
Si miramos hacia nuestro contexto cercano, el origen del museo público en España tiene lugar de forma similar al caso de Francia, al encontrarse el Estado en posesión de las colecciones reales y eclesiásticas, cuyos bienes pasan a titularidad pública con la desamortización española, tras la Revolución Francesa. En la actualidad, según el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte (MECD): “Son museos las instituciones de carácter permanente que adquieren, conservan, investigan, comunican y exhiben para fines de estudio, educación y contemplación conjuntos y colecciones de valor histórico, artístico, científico y técnico o de cualquier otra naturaleza cultural” (artículo 59.3, Ley 16/1985). Ciertamente, y de una forma que recuerda nuevamente al ideal del Museo de Alejandría, actualmente los museos juegan un papel no sólo expositivo, sino que contienen y desarrollan, también, una labor educativa y de investigación. En la segunda mitad del siglo XX empiezan a aparecer en América y Europa diferentes  dinámicas que pretenden una participación abierta al exterior en relación al contexto expositivo. En España, en los últimos años ha aumentado, en gran número, la presencia de este tipo de actividades dirigidas por parte del museo al sector educativo, tanto a profesores como a alumnos. A día de hoy, en Madrid podemos encontrar y asistir a programas de formación y a diferentes actividades en la mayoría de las instituciones culturales. Es ejemplo de ello el tejido conformado por propuestas del Centro de Arte Contemporáneo Reina Sofía, Matadero, el Centro de Arte 2 de Mayo, el Museo Thyssen o la Fundación Telefónica y la Fundación Mapfre, entre otras instituciones.
Se entiende, de esta manera, el arte como una forma de educar, una vía de llegar al conocimiento y fomentar el desarrollo de una personalidad crítica en el individuo. Este proceso y cambio de paradigma, el cual surgió ligado a la democracia española, pretendía instaurar en los museos esta nueva mirada, no sólo relativa a un contexto expositivo. Precisamente, figura en el artículo 46 de la Constitución, en el Título I de los derechos y deberes fundamentales, que “es necesario un sustrato cultural para el funcionamiento real de la democracia […] ya que el progreso cultural de los ciudadanos es inseparable del progreso social, democrático y económico”. Luego, me pregunto: ¿Por qué si la educación está presente y unida, intrínsecamente, al museo y, en este caso, a la cultura y el arte, se permite la puesta en vigor de leyes orgánicas de educación que quitan competencias del currículo a disciplinas relativas al arte o el pensamiento, como la filosofía? ¿Qué sentido tiene que el museo se acerque al sector educativo cuando la educación se aleja de las materias que trabaja el sector cultural?
Estas son, principalmente, las preguntas que me planteo tras esta breve reflexión. Desde una perspectiva histórica, opino que no sólo no deberían primarse unas cosas sobre otras, sino que debería pensarse la función de cada ámbito sin anclar tanto distanciamiento entre diferentes campos de conocimiento. Como se ha expresado, en un principio el museo era un lugar para el conocimiento y para la investigación conjunta: no de materias aisladas, sino un espacio transversal donde convivía la investigación de diferentes disciplinas. Ahora que el museo está abierto a sugerencias y esto vuelve a ser posible, pudiendo surgir nuevas posibilidades de cooperación entre diferentes disciplinas, ámbitos e instituciones, considero que es esencial repensar los formatos; hacia dónde encaminar la vertiente que dice ser “sustrato cultural para el funcionamiento real de la democracia” y la relación que la cultura ha de tener para con el individuo y la sociedad.


Referencias bibliográficas 

Escolar, H. (2001). La Biblioteca de Alejandría. Madrid: Gredos.
Artículo 26 de la Constitución Española [Recurso web]. Consultado el 7-12-16:
http://www.congreso.es/consti/constitucion/indice/sinopsis/sinopsis.jsp?art=46&tipo=2
Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Introducción a la historia de los Museos Estatales [Recurso web]. Consultado el 7-12-16:
http://www.mecd.gob.es/mecd/cultura-mecd/areas-cultura/museos/los-museos-estatales/historia/introduccion.html

El museo, en la Wikipedia inglesa [Recurso web]. Consultado el 7-12-16: https://en.wikipedia.org/wiki/Museum

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