miércoles, 10 de febrero de 2016

El maestro ignorante en la nube

Por Lorena Fernández Prieto

Jaques Rancière cuenta en su libro “El maestro ignorante” cómo, en el año 1818, Joseph Jacotot, un revolucionario exiliado y lector de literatura francesa en la universidad de Lovaina, fue capaz de enseñar francés a los estudiantes flamencos sin darles ninguna lección. Gracias a esta experiencia consiguió que sus alumnos aprendieran lo que el mismo ignoraba rompiendo con la idea del maestro como el origen de una cadena de transmisión de conocimientos que mediante sus explicaciones eran transferidos a los alumnos.
Jacotot se vio en la imposible tarea de tener que enseñar francés a unos alumnos flamencos que solo entendían y hablaban  el holandés y desconocían por completo el francés. Así mismo el no conocía el holandés, condición que impediría a Jacotot explicar nada a sus alumnos y que lo inhabilitaría como maestro, impidiéndole formar “los espíritus” de sus alumnos conduciéndoles con sus explicaciones de una forma progresiva de los elementos del conocimiento más simples a los más complejos.
Sin un lenguaje en común no había manera de hacerse comprender y se ponía por tanto en cuestión la base de todas las pedagogías: la explicación. Si Jacotot quería desempeñar su función como maestro, esta no podría basarse en la explicación de sus conocimientos a sus alumnos.
Su solución fue recurrir a un ejemplar del Telémaco de Fenelón en una edición bilingüe, de manera que pidió a sus alumnos que aprendieran el libro entero y después escribieran un resumen. Con el paso del tiempo Jacotot se sorprendió al descubrir que sus alumnos habían aprendido a hablar y escribir francés sin la necesidad de sus explicaciones, aprendieron por si mismos de una manera autónoma.


De esta manera Jacotot borró sin querer la lógica de toda pedagogía, la distinción entre sabios e ignorantes, proclamando que todos los hombres tienen la misma inteligencia y que, como dice Rancière “Explicar alguna cosa a alguien, es primero demostrarle que no puede comprenderla por sí mismo.” (Rancière, 2010: 8). Con este nuevo método, no hay trasmisión de conocimiento: ante la imposibilidad de Jacotot para transmitir nada, los alumnos habían aprendido solos, por sí mismos. Esto no quiere decir que la figura del maestro sea algo prescindible, pero su papel ya no es más el de dar acceso a los conocimientos que el posee, sino más bien el de apoyar la voluntad de sus alumnos, fomentando la autonomía de pensamiento y exigiendo un esfuerzo que haga posible la emancipación de sus inteligencias.
En la actualidad, ¿cuál es el futuro de la enseñanza? Se pregunta Sugata Mitra, profesor, investigador y jefe científico en el NIIT, una sociedad anónima de la india que proporciona educación y formación en tecnologías de la comunicación.
Esta pregunta es el resultado de un proceso de investigación sobre el origen de nuestro sistema educativo. Nuestro sistema educativo es heredado de una forma de organización creada por el imperio ingles en la época victoriana, asegura Mitra. Tenía como función, el control del imperio que se extendía por gran parte del planeta en una época en la que las tecnologías de comunicación eran muy limitadas aún y apenas se habían desarrollado. El imperio ingles ideó una suerte de máquina que posibilitara el control de los territorios que formaban parte de él, “la máquina burocrática administrativa”, y esta máquina, continúa Mitra, necesitaba de hombres que la hicieran funcionar. Para poder asegurar el suministro de hombres se crearon las escuelas, que no eran otra cosa que centros de producción de personas que alimentaran la maquina burocrática administrativa. Para ello debían adquirir una serie de conocimientos básicos: leer, escribir y realizar operaciones matemáticas simples, para poder trabajar con la información. La idea es que estas personas fueran intercambiables unas por otras, independientemente de donde vinieran, pues estos conocimientos eran comunes para todos.


Esta máquina ya no existe, ha sido sustituida por nuevas formas más sofisticadas de gestionar la información y ejercer el control. Pero la función de las escuelas sigue siendo muy similar, un centro disciplinario de producción de personas intercambiables entre sí. De manera que Mitra llega a la conclusión de que las escuelas están obsoletas.
Así nació, mientras ejercía como profesor de programación, su proyecto “Hole in the wall” , que consistía literalmente en hacer un agujero en un muro e insertar allí un ordenador con acceso a internet, de manera que quedara al alcance de los niños de un barrio pobre. Al día siguiente sorprendido observo que niños pobres sin ningún tipo de formación en el uso de ordenadores eran capaces de manejar el ordenador perfectamente y navegar por la red. De manera que repitió este experimento en diferentes sitios y bajo diferentes premisas con resultados similares, niños que vivían en aldeas aisladas sin acceso a ordenadores de ningún tipo eran capaces de aprender a manejarlos. Estos niños eran incluso capaces de aprender inglés para poder manejar estos ordenadores y aprender a tratar con conocimiento complejos como la replicación del ADN. Todo esto sin ningún profesor que ejerciera de mediador.
Según Mitra, nuestro sistema educativo está obsoleto, está basado en exámenes, deberes y castigos, que son entendidos como amenazas. Estas amenazas apelan a la parte reptiliana de nuestro cerebro, la parte que gestiona las reacciones a los estímulos y que en su funcionamiento hace que todo el resto del cerebro se desconecte.
De manera que como consecuencia de los diversos experimentos realizados dentro del proyecto “A hole in the wall”, Sugata Mitra ha llegado a la conclusión de que es el aprendizaje lo que resulta de la auto-organización educacional que los propios niños realizan de una forma autónoma y que responde a un estimulo que no tiene que ver con la amenaza sino con el placer. Y para favorecer esto propone la creación de entornos de aprendizaje auto-organizados en los que, como en la historia del maestro Jacotot que nos cuenta Rancière, el maestro ya no es la llave hacia un conocimiento al que solo se puede acceder a través de sus explicaciones -es decir a,  través de él como mediador-, sino mas bien alguien que, valiéndose de un ambiente de trabajo tecnológico, estimule a los alumnos para que puedan embarcarse en aventuras intelectuales conectados con montones de información en línea.

Referencias:
Rancière, J. (2010) El maestro ignorante. Barcelona: Laertes
Mitra, S. (2013) Construyendo una escuela en la nube. En https://www.ted.com/talks/sugata_mitra_build_a_school_in_the_cloud?language=es


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