martes, 9 de febrero de 2016

El fracaso escolar en España

Por Lucía Suárez Espí


El fracaso escolar alude a la salida del sistema escolar sin haber completado la educación obligatoria. Una vez que el alumno o alumna ha cumplido los dieciséis años deja de estar en la obligación de seguir estudiando y puede decidir salir del sistema educativo. Ha de diferenciarse del abandono escolar, que está referido al alumnado que, una vez completada la educación secundaria, decide no continuar sus estudios. En España el fracaso escolar lo comprende un 25-30% del alumnado, mientras que el abandono escolar un 22-26%.
El término fracaso escolar es discutible de por sí, ya que da la imagen de que el alumno o la alumna no ha progresado ni académica ni socialmente durante sus años de escolarización. Además le da una imagen negativa, lo que afectará su autoestima y su confianza, aminorando sus posibilidades de desarrollo en un futuro. Otra connotación negativa es que centra el problema en el alumnado o el centro, y no hace referencia a la familia, la sociedad o el sistema educativo, puntos clave para su satisfactorio desarrollo académico y social. Por todo lo mencionado, se intenta sustituir el término por alumnos con bajo rendimiento académico o alumnos que abandonan el sistema educativo sin la preparación suficiente.
Como ya hemos mencionado, las principales causas del fracaso escolar están estrechamente relacionadas con el contexto social, familiar, económico, educativo, de nacionalidad, género y, por supuesto, la disponibilidad del alumno o alumna. En el ámbito familiar los factores que influyen en el rendimiento académico del alumnado son: la categoría socioeconómica, el nivel educativo y la situación laboral de los padres, el número de hermanos y el orden que ocupa entre ellos, la existencia de situaciones conflictivas (como separación o divorcio de los padres, abusos entre los miembros de la familia, adicciones o uso de drogas de los padres…). También tiene un impacto positivo sobre el rendimiento académico la disponibilidad de mejores recursos materiales (como ordenadores, bibliotecas…) en el hogar, aunque una mayor renta no garantiza la existencia de estos recursos educativos. Además se ha observado una relación entre la lengua hablada en el hogar (haciendo referencia a los alumnos de origen inmigrante), con el rendimiento escolar. Recientemente, durante mi período de prácticas en un centro público de enseñanza secundaria, he tenido la oportunidad de comprobar este caso en particular con una alumna de origen chino, que desconoce tanto la lengua inglesa como la española. Las clases se imparten en lengua inglesa y se van traduciendo ala española, por lo que para esta alumna el idioma supone una gran barrera para lograr su éxito educativo.

En cuanto al ámbito escolar, las características que tienen una mayor correlación con el resultado académico de sus alumnos y alumnas son: el tipo de centro (ya sea público o privado), los recursos materiales de los que dispone el centro, el gasto público, las políticas de agrupación entre clases sociales, las orientaciones religiosas, los criterios de admisión, las agrupaciones por niveles (que suelen favorecer al alumnado con mejores resultados), los tiempos de aprendizaje, las características socioeconómicas y culturales de las familias de los compañeros y compañeras, el tamaño de las clases y de la escuela, la flexibilidad organizativa y curricular, el estilo de enseñanza y formación de los profesores y el ratio de alumnos por profesor.

A cuantos más factores, (que conlleven al fracaso escolar), estén expuestos los alumnos y alumnas de nuestros centros, mayores probabilidades de fracaso tendrán. Si se da esta circunstancia y se apartan del sistema educativo, sin titular, una vez cumplidos los dieciséis años, esta situación va a repercutir drástica y negativamente en sus posibilidades encontrar una estabilidad laboral y social y una buena calidad de vida. Entre las principales consecuencias del fracaso escolar se encuentra la gran dificultad para su inserción laboral, ya que suelen ocupar puestos menos estables y con menores niveles retributivos, y les cuesta mayor trabajo y tiempo encontrar un nuevo empleo, en comparación con los trabajadores que sí han titulado en ESO. Además, con la continua exigencia de titulaciones y preparación a los que buscan empleo, cabe la posibilidad que en un futuro cercano ni siquiera la obtención del título de educación obligatoria sea suficiente para la inserción laboral del ciudadano. Tienen, en definitiva, un mayor riesgo de exclusión económica y social que los que sí titulan.

Actualmente el sistema educativo español está regulado por la LOE-LOMCE. La LOMCE ha realizado ciertos cambios respecto a la LOE. Incluye una prueba final en secundaria: 70% de la calificación la dará el curso y el 30% la reválida en la ESO, y el 60% el curso y el 40% la reválida en Bachillerato. Así mismo suprime la PAU a partir del 2017. La ESO está dividida en dos ciclos: el primero de tres cursos (1º a 3º de ESO) y un segundo ciclo de 4º de ESO. Se crea el PEMAR (antes diversificación curricular), en el que el alumno que tiene dificultades para desarrollar satisfactoriamente sus estudios del primer ciclo de ESO pueda, durante 2º y 3º de ESO, cursa el temario con un solo profesor en un mismo ámbito, pero no titula, tiene que volver a 4º de ESO y después escoger obligatoriamente la opción de enseñanzas aplicadas (FP). Al finalizar el segundo ciclo de ESO (4º), los alumnos que hayan cursado la ESO ordinaria podrán elegir entre la opción de enseñanzas académicas (Bachillerato), o las aplicadas (FP).

Sección del esquema educativo de la LOMCE (página del MEC)
Antes de la implantación de la LOMCE, los alumnos con problemas de seguimiento o aprendizaje durante la ESO, podían optar por cursar la PCPI durante dos años obteniendo el título en ESO, y pudiendo acceder al Bachillerato directamente. Ahora no es que la vía esté cerrada, pero sí es más complicada. Hay que tener en cuenta el problema principal de el alumnado que comprende estas edades. Están pasando por un período complicado en el que buscan su sitio, se separan del núcleo familiar y cuestionan, ponen a prueba y retan todos los parámetros y figuras de autoridad que habían regulado y habían obedecido hasta ahora. No es de extrañar que se despisten, que pierdan el rumbo y que quieran dar la vuelta a todo lo establecido. Esto es especialmente notorio en los grupos que sufren circunstancias como las descritas al principio (problemas familiares, sociales, económicos…). No tienen, en su mayoría, la madurez y organización mental suficiente para entender por qué y para qué están estudiando. Si, además de lo que ya arrastren del resto de su formación educativa y del resto de trabas personales con las que ya carguen, se ven ante un modelo educativo aburrido, obsoleto y desmotivador, que hará más fácil que pierdan algún curso. Y la organización educativa es cada vez más compleja, viéndose obligados (en el caso de participar en el programa de mejora –PEMAR-)  a superar numerosos obstáculos, el resultado probable será el fracaso escolar.
Julio Carabaña Morales, Licenciado y Doctor en Filosofía y Letras, propone tres medidas para disminuir o acabar con el fracaso escolar: eliminar la titulación al final de la ESO, aplicar un examen de dificultad uniforme (Semejante a PISA), o bien bajar las exigencias al nivel de la Comunidad Autónoma Vasca. Ya que afirma que las muchas propuestas que han hecho psicólogos, pedagogos y economistas, (desde comenzar antes el preescolar a fomentar la estimulación de calidad por los padres), no han dado resultados eficaces hasta ahora.
Mariano Martín Gordillo, profesor de enseñanza secundaria, asegura que es posible mejorar las condiciones en las que profesores y alumnos desarrollan su trabajo diario de forma eficaz, eficiente y sin conflictos. Propone un seguimiento del alumnado, orientación educativa y vertebración entre las etapas educativas para el éxito escolar del alumnado. Destaca la diferencia en la facilidad de seguimiento entre los centros públicos y privados, ya que en los privados el seguimiento es el mismo y continuado entre los tres y los dieciséis o dieciocho años al no cambiar de centro. Algo que sí ocurre en los centros públicos. Los institutos públicos suelen contar con un departamento de orientación que atiende al alumnado, pero no es así en a educación infantil y primaria, que la reciben de equipos externos. La solución a esto, dice Martín, sería la organización orientadora por parte de dos, tres o cuatro orientadores trabajando conjuntamente en esos pocos centros de primaria adscritos a unos determinados centros de secundaria, garantizando así un seguimiento continuo de los alumnos durante toda su escolaridad. Y facilitando con esta labor la necesaria coordinación y colaboración entre los tutores y los equipos docentes de las sucesivas etapas, especialmente con el alumnado que tenga dificultades específicas. También le da importancia a la acción tutorial, que resume ese papel del docente que conjuga sabiduría, destreza y voluntad al servicio del progreso de sus alumnos.
 

Esquema de educación del resumen de la LOMCE (SM)
Actualmente y a partir del año que viene (2017), los alumnos tendrán que superar dos evaluaciones de etapa en primaria y una al finalizar la ESO. Todas estas pruebas acercan más nuestro modelo educativo al diversificado que al comprensivo. Esto está impulsado por la búsqueda de la educación de calidad, es decir, que funciona como un filtro. Pero no prioriza ni da cabida a la atención a la diversidad.
Y bien, este artículo ha sido inspirado por una situación con la que me he encontrado en el centro de enseñanza secundaria donde estoy llevando a cabo mis prácticas. Encuentro en general un alto porcentaje de alumnos y alumnas con problemas sociales, familiares o sociales que les han hecho repetir, participar en programas de mejora… y que tienen comportamientos irrespetuosos, no obedecen las reglas o límites impuestos y en muchos casos suspenden (y con mucha satisfacción aparente), un gran número de asignaturas. Todo esto entra dentro de la normalidad de un centro educativo público. He de decir que he encontrado una coordinación y compenetración interna del centro entre el equipo directivo, claustro de profesores y departamento de orientación que me ha dejado gratamente sorprendida. Todo el personal del centro está enterado continuamente de la situación personal y académica de todo el alumnado, incluso de aquellos a los que no imparten ninguna materia. Pero el primer día me topé con un alumno especialmente conflictivo. Con cara de desilusión ante la vida, de dolor y resignación, es el alumno que reta a todos, que busca confrontaciones con el profesorado, que incita a la revolución en el aula y al que todos los compañeros siguen con una mezcla de miedo y admiración. Ni hizo nada durante el tiempo que transcurrió la clase, y a cada comentario que yo le hacía, contestaba con todo desafiante, chulesco y altivo.
Al finalizar la clase les pedí a todos que recogieran lo que habían ensuciado, y me respondió alegando que él no es mi chacha. Entiendo que está probando mis límites y, tras conseguir que hiciera lo que le pedí y observarle mientras lo hacía, le dí las gracias por ello cuando terminó. Después me informaron otros profesores y el orientador de que es un niño que ha repetido, que su madre falleció y tiene problemas graves con su padre. Que el único parecido a un referente de autoridad y respeto que tiene es un abuelo. De que ha estado expulsado prácticamente todo el curso escolar, y de que han trabajado psicólogos, orientadores y profesores incansablemente con él, que lo han probado todo, (incluso adentrándose en su ámbito familiar intentando llegar a él a través de su abuelo), pero que todo ha sido inútil. Que no hay solución ni esperanza. Por lo que han decidido e informado todos estos profesionales al resto del profesorado es que seguirán imponiéndole amonestaciones y expulsiones hasta que cumpla los dieciséis años y abandone la educación secundaria sin titular.
Esta compleja situación me ha dejado con una sensación de impotencia y fracaso como docente. No he dejado de darle vueltas a este tema durante días, y me pregunto si realmente se puede decidir, aunque se haya intentado todo, que un alumno ya desde que tiene trece o catorce años, no titule. Abandonarle a su suerte y resignarse ante ello. A pesar de todo lo que he tratado en este texto, y después de las vueltas que le he dado a cada punto de la situación educativa actual, creo que algo no funciona. Un alumno que, creo, es brillante, vea sus puertas y oportunidades cerradas por las duras y desgraciadas circunstancias que ha tenido que vivir. Decidí inmediatamente no retarle y evitar que lo haga conmigo. Ignorar si trabaja o no, o si pretende llamar mi atención para crear polémica. He decidido saludarle amablemente y no entrar en su juego de incitación. Valorar positivamente y hacérselo saber cada vez que haga la mínima acción positiva o productiva para él. He pensado incluso darle los papeles más importantes y de responsabilidad a la hora de hacer las actividades grupales. Me he dado cuenta de que bastante rigidez ha soportado ya, y que lo último que le preocupa es un profesor o una asignatura del centro. Yo voy a intentar darle los momentos de máxima calidad educativa y comprensiva que pueda. Pero sigo teniendo clavada la espina de la resignación. De verlo ir a su suerte. Quizá, como ha ocurrido en otros casos, esta persona decida más adelante incorporarse al sistema educativo. Pero para él, como para otros muchos en situaciones similares, el proceso laberíntico de pruebas, entradas y salidas de los cursos de secundaria no van a allanarle el camino. Y, a fin de cuentas,  creo que esa es la labor de todo docente: allanar el camino de los que nos necesitan, de los que buscan una dirección a la que encaminarse y unas manos que les guíen. Seas quienes sean y vengan de donde vengan. Buscar la equidad y no la igualdad.


Referencias

CALERO, J., CHOI, A., WAISGRAIS, S. Determinantes del riesgo de fracaso escolar en España: una aproximación a través de un análisis logístico multinivel aplicado a PISA-2006. Revista de Educación (2010)
CARABAÑA MORALES, J. Tres Medidas de Eficacia Segura Contra el Fracaso Escolar. CEE Participación Educativa (2010)
MARCHESI ULLASTRES, A. El Fracaso Escolar en España. Revista de Educación(2013)
MARTÍN GORDILLO, M. ¿Qué se puede hacer? Algunas propuestas (razonables) para promover el éxito escolar (2010)
PEDRÓ, F.Políticas públicas sobre apoyo y refuerzo educativo: evidencias internacionales. Revista de Educación (2012)
SM, Resumen de la LOMCE (2013)
http://www.mecd.gob.es/dctm/inee/indicadores-educativos/informeet20202013.pdf?documentId=0901e72b8
http://www.mecd.gob.es/servicios-al-ciudadano-mecd/dms/mecd/servi1732dc8cios-al-ciudadano-mecd/estadisticas/educacion/indicadores-publicaciones-sintesis/datos-cifras/Datosycifras1516.pdf
http://www.mecd.gob.es/educacion-mecd/areas-educacion/sistema-educativo.html
http://www.revistaeducacion.educacion.es/re2010/re2010.pdf
http://www.oecd.org/pisa/pisaenespaol.htm



No hay comentarios:

Publicar un comentario