martes, 9 de febrero de 2016

Educación para la ciudadanía, religión en las aulas y acuerdos con la Iglesia. ¿Qué ocurrirá?

Por Rafael Ribas

Sabido es por todos que la última ley orgánica de educación promulgada por el Partido Popular ha levantado muchas ampollas desde que fue aprobada. Los enemigos que se ha ganado esta ley desde su aprobación son muchos y de índole variada, pero quiero centrarme ciertos aspectos más concretos que han generado debate. El tema de la religión en las aulas y la educación en valores.
Una de las medidas que generó protestas en determinados sectores fue la eliminación de educación para la ciudadanía y su sustitución por educación cívica y constitucional. No es el objeto de este artículo hacer apología de la asignatura, quede claro de antemano.
Aparentemente, la nueva asignatura estaba libre de cuestiones controvertidas y no era susceptible de adoctrinamiento ideológico, siempre según el ministro (ahora ex ministro) Jose Ignacio Wert. Entiendo que las cuestiones controvertidas a las que se refería tenían que ver con, por ejemplo la contemplación de una estructura familiar distinta a la tradicional, por mencionar algún aspecto. Si bien es justo decir que la asignatura de educación para la ciudadanía también había despertado inquietudes, especialmente en sectores conservadores y religiosos, no es menos cierto que su eliminación responde más a un gesto de poder y a una postura ideológica que a otro tipo de preocupación. La cuestión es que tanto una asignatura como su sustituta tienen detractores; pero vayamos a las medidas concretas y a las palabras.
Según el ministro, educación para la ciudadanía iba más allá de lo que debería corresponder a una verdadera formación cívica conforme a las directrices formuladas por el Consejo de Europa, al parecer no ocurría así con su nueva asignatura, llamada a  la formación de ciudadanos libres y responsables con capacidad de ser sujetos activos. Lo curioso es que haciendo estas tajantes afirmaciones, se vuelva a ofertar religión en la escuela pública como asignatura optativa. Supongo que atendiendo también a la preocupación de hacer ciudadanos con capacidad de ser sujetos críticos y activos.
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¿No choca esa premisa con los dogmas cristianos, que por lo contrario deben ser aceptados como verdades sin titubear? ¿No choca también en pleno siglo XXI se sigan explicando mitos como el de Adán y Eva en las aulas? ¿No choca poner la otra mejilla con el énfasis que hace la LOMCE en el esfuerzo y competitividad del alumno?
Si tan preocupado estaba el gobierno del PP por que el alumnado conozca el contenido y los valores de la Constitución española, ¿Por qué se empeña en contradecir la aconfesionalidad constitucional? No espero respuesta, sencillamente me parece el mundo al revés.
Indagando en la cuestión en las redes no nos libramos de la controversia. De hecho el Comité de la ONU para la Eliminación de la Discriminación de la Mujer (CEDAW, en inglés) pedía la inclusión de educación para la ciudadanía de nuevo, alegando que desde 2010 en España se ha hecho poco en contra de eliminar estereotipos de género y luchar contra la violencia. Literalmente, les echaron la bronca. El CEDAW, afirmaba que la eliminación de la asignatura y la oferta de religión eran una medida retrógrada respecto a los esfuerzos para eliminar los estereotipos de género, y no tiene en cuenta que enseñar materia de género en Ciencias Sociales y de la Naturaleza sea la solución adecuada. Sencillamente consideraban que la asignatura era una herramienta esencial para enseñar al alumnado que los Derechos Humanos de las mujeres son una parte indivisible de la ética cívica.
No deja de llamar la atención, por ejemplo, titulares como el de ABC en una entrevista que le hizo al Comisario Europeo de Educación, Tibor Navracsics aprovechando una visita a España. El titular rezaba Comisario europeo de Educación: «Hay que garantizar el derecho a elegir la asignatura de Religión». Siempre según ABC, al comisario no le parecía mal que se ofertase religión en la escuela. No obstante si leemos la entrevista, el sistema educativo tiene que ofrecer el derecho a elegir y garantizar a los padres la elección del mejor modo de educar a sus hijos. Tiene que ser un sistema abierto, accesible y libre. No es lo mismo, ¿Verdad?
Fernando Savater analizaba el asunto de la religión en las aulas en un artículo para El País, afirmando en el mismo que religión no era una asignatura. Simple y llanamente. Lla formación religiosa es algo que el individuo es libre de elegir, muy respetable, pero sencillamente no debe ofertarse en la escuela. A este respecto el tema más escandaloso y que también menciona Savater son los acuerdos con la Santa Sede.
¿Cómo es posible que se esté hablando de un libro blanco de la función docente mientras a ciertos profesores los siguen designando los obispos?
Por el amor de Dios. En su artículo, Savater sugiere cortar, esos lazos entre estado e iglesia discreta y amistosamente. Claro, tiene más razón que un santo, pero no es menos cierto que topar con la iglesia en este país no es un asunto sencillo.
Por último el filósofo concluía el artículo deseando que a partir del 20-D las cosas se planteasen mejor. Bien. Pues a 8 de febrero todavía no está demasiado claro qué es lo que puede ocurrir hasta que se configure un nuevo gobierno. La situación puede alargarse, sin duda alguna.
Ahora bien, aunque el panorama sea incierto para hacer especulaciones encorsetadas sobre el tema, sí se pueden hacer ciertas afirmaciones que a priori parecen claras. Si bien está claro que una posible coalición PP  C's no derogaría la LOMCE bajo ningún concepto, se limitaría probablemente a hacer algún cambio, sin tocar jamás los acuerdos con la santa sede. Pero de todos modos no es el PP quién ha dado un paso adelante.
Si la coalición fuese de PSOE con C's, —los favoritos del electorado, según El País— no es arriesgado pensar que la LOMCE se paralizaría y se modificaría, la educación es un terreno simbólico relevante tanto a la derecha como a la izquierda, y ambos partidos se han pronunciado recientemente al respecto. Las palabras pacto educativo están sobre la mesa. Pero este último pacto favorito sería bloqueado tanto por PP como Podemos.
Así pues, pasemos a la siguiente posibilidad. Si el pacto que terminase por cuajar fuera el de PSOE, Podemos e IU, es evidente que se paralizaría la LOMCE, y es que la educación desde la constitución del 78 ha sido un terreno susceptible de cambios cada vez que la legislatura cambiaba de color, atendiendo más a cuestiones ideológicas que a la verdadera utilidad de dichos cambios.
Pero, volviendo sobre el tema religioso, tanto si la coalición fuese la segunda o bien la tercera combinación, ¿Se romperían los acuerdos con la santa sede?
Honestamente, no lo creo. Porque, el PSOE ya ha tenido en otras legislaturas la posibilidad de hacerlo, pero no lo ha hecho. Los brazos de la iglesia en este país son más largos e invisibles de lo que muchos están dispuestos a reconocer.

http://elpais.com/elpais/2015/11/24/opinion/1448390403_035861.html

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