lunes, 2 de febrero de 2015

Reflexiones críticas sobre el aprendizaje

Por Jucann

He de acudir a la definición de ensayo para confirmar que este género  literario se refiere a una obra relativamente breve que implica una reflexión subjetiva, en la que el autor trata de una manera personal, no exhaustiva, un tema determinado. E incluso compruebo que en ocasiones se reduce a una serie de divagaciones  y elucubraciones sin un tema específico pero que incluyen un aspecto crítico.
Tan acostumbrados como estamos a producir objetos, proyectar diseños y provocar alteraciones en el medio a través de la acción, resulta difícil encadenar palabras para reflexionar sobre la propia práctica. Y es precisamente que esta situación personal, observada a posteriori, desde la distancia y el extrañamiento, la que puede llegar a convertirse en el desencadenante de un texto que pueda interesar a todos aquellos que comparten mi propia circunstancia por haber coincidido en el mismo sistema educativo desde secundaria hasta los estudios universitarios en la Facultad de Bellas Artes.
Analizar el imaginario colectivo de la práctica docente en dicho período conduce a dos temas autónomos, aunque relacionados: el tiempo y el modo del aprendizaje.
Los alumnos españoles en el período obligatorio del sistema educativo, estudian dos horas más que la media de la OCDE. Según un informe reciente,  en total dedican más de 6 horas semanales de media a la realización de deberes fuera del horario lectivo.
Los padres, docentes e incluso algunos estudiantes ya alienados, dentro de este sistema de enseñanza tradicional que fomenta esta situación, reciben este dato con orgullo que es traducido en términos de la capacidad de trabajo de los estudiantes y el compromiso del profesorado, sin embargo los resultados en cuanto a la eficiencia en nuestro aprendizaje apuntan  lo contrario.
El desencuentro entre ambos datos parece encontrarse en la generalizada falta de motivación e interés con los que el alumnado enfoca y realiza estas tareas. Usamos un gran porcentaje de nuestro tiempo como alumnos de secundaria, bachillerato, e incluso de la Universidad, en realizar de manera continua y repetitiva una serie de ejercicios sobre unos conceptos que son ajenos a  nuestras vidas y que esencialmente nos dan igual.
La mayoría de los alumnos se sienten presionados por parte de sus profesores e incluso de sus padres para realizar unas tareas que nada tienen que ver con sus intereses reales. Avanzan por el sistema educativo tratando de contentar a otras personas, a un embrión de sociedad, bajo la promesa de una profesión digna, un trabajo estable y un mejor futuro.
Tanto los contenidos como los métodos utilizados, son deudores de un sistema de enseñanza industrial que nada tienen que ver con la sociedad en la que vivimos. Se pretende crear un producto homogéneo partiendo de una materia prima heterogénea.  Se habla de futuro cuando todos ellos viven en la incertidumbre del presente más absoluto. Los deberes intentan homogeneizar y camuflar la diversidad : como señala el informe PISA titulado, “¿los deberes perpetúan la desigualdad?”. Los alumnos con recursos económicos más bajos que en ocasiones no cuentan con el entorno óptimo en casa para estudiar y que muchas veces, tienen que trabajar para contribuir a la economía familiar, no pueden dedicar el mismo tiempo a las tareas que sus compañeros más acaudalados con menos responsabilidades y mejores medios, favoreciendo que los segundos sean los que acceden con mayor facilidad a las “mejores profesiones” que tendrán las remuneraciones económicas más altas.
Además, la forma en la que estas tareas están planteadas fomentan el aprendizaje bulímico, basado en la memorización de contenidos que pocas veces tienen una aplicación real en las vidas de los estudiantes. Aprenden conceptos, fechas y datos de manera no significativa y sin relación, como si se necesitaran bases de datos humanas en esta sociedad de la información. Todos estos datos son posteriormente  volcados en un examen para conseguir una calificación en sus expedientes, y finalmente olvidados. Los defensores de la neuroeducación, que denuncian la imposibilidad de aprender y asimilar nada sin una emoción que active nuestra curiosidad, son considerados como freakies fuera de la realidad.
Los alumnos más disciplinados y que han aceptado las reglas del sistema educativo obligatorio, acceden exitosamente a la Universidad elegida, al obtener una puntuación en una prueba en la que a modo de reválida, demuestran su capacidad de almacenaje de datos.  Exceptuando el porcentaje correspondiente a la producción de un comentario de texto, no existe valoración alguna respecto a las capacidades propositivas, proyectuales o relacionales .
Mientras en algunos pocos lugares, algunos docentes  consideran la educación como el lugar potencial para el activismo social y la resistencia crítica, desarrollando  un enfoque de la enseñanza que emplea la teoría y la práctica simultáneamente, la mayoría de nuestras disciplinas insisten en profundizar en sus propios contenidos, dibujando sus límites y dejando fuera el resto del  conocimiento sobre el mundo. Pocos docentes  en contadas materias están  abiertos a reflexionar críticamente acerca de sus propios modos de operar y menos todavía, a establecer relaciones con otras disciplinas.
Creo que son precisamente las prácticas interdisciplinares las que permiten cuestionar el aparato ideológico que estructura los términos y métodos de cada práctica disciplinar específica  y permiten criticar, resistir y cuestionar los procesos dominantes para producir nuevas formas y modos de conocimiento y percepción. El pensamiento reflexivo y crítico necesario para generar contextos imaginativos e inventar planes de acción alternativos no existe en un contexto educativo interesado en un conocimiento fragmentado y separado en materias definidas por capacidades específicas que insisten en separar la teoría y la acción.
La mayoría de que hemos estudiado bellas artes, hemos sido adiestrados para trabajar sobre instintos intuitivos y las preguntas nos aparecen únicamente en el encuentro con nuestros procesos materiales de producción. Raramente nos hemos encontrado en  un contexto de investigación cuyo objetivo haya sido producir  un texto en el que las reflexiones personales y lo imaginado privadamente, intervinieran o hicieran surgir temas de importancia cultural y social, o incluso sin importancia.
Quizás madurar y estar formado, es precisamente darse cuenta de esta situación; es adoptar una posición crítica y demandar un aprendizaje interdisciplinar que tenga como objetivo desarrollar la capacidad crítica de los alumnos mediante una capacitación investigadora que permita fabricar el conocimiento; porque solamente hay uno y es el que se necesita para estar en el mundo, aquí y ahora. Y de paso, pedir también un sistema que nos capacite para comunicarnos; para poder conectar palabras, más o menos ordenadas, que permitan reflexionar en voz alta.

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