viernes, 9 de enero de 2015

Preguntas

Por AC

Intentando imaginar qué tipo de profesora quiero ser el día de mañana me vienen a la cabeza un montón de ideas. Curiosamente las primeras no están relacionadas con el interés en que mis futuros alumnos aprendan alguna materia en concreto que pueda enseñarles, sino con la ilusión de aportar mi granito de arena en su formación como personas. Me gusta pensar que yo misma, desde las aulas, podré contribuir a que sean seres más libres, más críticos, más felices quizá, a que sean conscientes del enorme enriquecimiento que aporta el aprendizaje, a que dispongan de más y mejores herramientas para enfrentarse a las dificultades e incluso a que sean personas más tolerantes y respetuosas. Sin duda las expectativas son muy altas, pero llego a la conclusión de que merece la pena, de que ese puede ser un buen objetivo, una buena meta para mi futuro.
Supongo que todos estaremos de acuerdo en que lo idóneo sería que estos valores y actitudes fueran transmitidos de una forma transversal en el día a día del alumno, por todas y cada una de las personas y medios que forman parte de su entorno. Pero no siempre podemos contar con ello. Además de que las circunstancias son distintas para cada caso, los niños y adolescentes viven en la sociedad y como parte de ella reciben continuamente influencias externas, especialmente hoy día con el enorme acceso a información de que disponemos. Quizá por ello, se hace necesaria también la existencia de planes de estudios que fomenten estas capacidades y valores, asignaturas y metodologías de trabajo que suplan estas carencias. Algunas iniciativas como la implantación de la desaparecida asignatura de Educación para la Ciudadanía dieron los primeros pasos en este sentido.
Al hilo de esta reflexión rescato un artículo que una vez más aborda el eterno problema no resuelto de la prioridad que unas u otras materias deberían tener en las aulas. Es una noticia publicada en el diario El País el día 18-07-2014, en la que se trataba la cuestión de la conveniencia, o más bien la necesidad, de impartir educación financiera en secundaria. Se mencionaban los datos del informe PISA de 2012 según los cuales España se sitúa un poco por debajo de la media de la Unión Europea en competencias financieras de alumnos de quince años. Entidades y organismos como el BBVA ó la OCDE se venían haciendo eco de esta urgencia por incorporar estas materias en el aula desde el 2005, asegurando ahora que si se hubiera hecho efectiva anteriormente los efectos de la crisis habrían sido menores…
Y sí, es útil que los adolescentes se familiaricen con conceptos de economía que tan necesarios son y serán en su vida. Pero yo me pregunto si un alumno que ha adquirido capacidades como una correcta comprensión del mundo que le rodea, si ha desarrollado una conciencia crítica, si ha aprendido a ser autónomo y a saber elegir y buscar soluciones por sí mismo, no está capacitado para enfrentarse solo a situaciones de la vida cotidiana como puede ser la futura elección de una hipoteca.  No desde luego en un país con una tasa de fracaso escolar que está a la cabeza de Europa con un 23,5%, con unos resultados nefastos en algo tan esencial como la comprensión lectora según los datos de los sucesivos informes PISA. Queremos formar a nuestros alumnos en materias denominadas “prácticas” para el día a día, nociones financieras, programación, que les sirvan para ser parte activa de la sociedad, que les aseguren el acceso a un trabajo bien remunerado -o quizá ya sea más correcto decir tan sólo remunerado- a esos mismos alumnos que se manifiestan de forma alarmante cada vez más machistas, más retrógrados y menos tolerantes debido a los modelos que les llegan desde los medios y a la ausencia de materias de construcción de la igualdad en la escuela (datos del Informe sobre Igualdad y prevención de la violencia de género en la adolescencia).  ¿Qué sociedad estamos creando entonces? ¿No pretendemos quizá “empezar la casa por el tejado”?
Ante este marco general, ante la ausencia de una hoja de ruta que encauce cambios tan necesarios que establezcan la base sobre la que construir lo demás no nos queda otra alternativa que hacer de ello nuestra propia batalla, la de cada uno de nosotros, desde todos los ámbitos y muy especialmente desde nuestra futura posición como profesores, y también por qué no, como guías de los alumnos a los que algún día daremos clase.

BIBLIOGRAFÍA
El valor de la educación financiera, Antoni Ballabriga , El País
http://economia.elpais.com/economia/2014/07/18/actualidad/1405700602_540231.html
Informe PISA 2012 España:
http://www.oecd.org/pisa/keyfindings/PISA-2012-results-spain-ESP.pdf
Informe sobre la  Igualdad y prevención de la violencia de género en la adolescencia, Universidad Complutense y Ministerio de Igualdad:
http://www.msssi.gob.es/ssi/violenciaGenero/publicaciones/colecciones/PDFS_COLECCION/libro8_adolescencia.pdf

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