miércoles, 14 de enero de 2015

Hacia una educación escéptica

Por MissZero           

  " El aspecto más triste de la vida actual es que la ciencia gana en conocimiento más     rápidamente que la sociedad en sabiduría"
 Isaac Asimov

Este artículo no pretende hablar sólo de un problema dentro de los centros educativos sino de algo que empieza a ser habitual a pie de calle. Algo que siempre daba por sentado sobre educación es que esta se basa en la racionalidad y el método científico. Y siempre he pensado que, puesto que así está acordado por las leyes y programaciones educativas, la sociedad aceptaba ampliamente que el conocimiento a través de la constatación, la prueba y la evidencia era cuanto menos el fiable. Eso de no aceptar la Teoría de la Evolución darwiniana, que es el ejemplo más paradigmático, o la investigación médica, me parecía cosa de reducidos grupúsculos cristiano-mormones del estado de Utah.
A estas alturas, sin embargo, muchos ya sabemos que la incredulidad ante el método científico no es reducida en la sociedad española, hasta me atrevería a decir que va en aumento con la introducción a través de Internet de las conspiraciones New Age y las pseudociencias. No se trata solamente de personas que sean religiosas, muchas de las cuales a pesar de ser creyentes sí aceptan la educación científica,- qué remedio les queda si hasta la Iglesia Católica la acaba aceptando con el paso del tiempo- si no de la pervivencia y el aumento del PENSAMIENTO SUPERSTICIOSO.
Por eso, reivindico el escepticismo en la educación en general, tanto la que se da en las aulas, donde este tema se ha dejado olvidado, como en los medios de comunicación y la sociedad entera. Incluso dentro de las asignaturas del ámbito científico- técnico, en las que por razones obvias esto debería estar más patente, se tiende a dar por hecho. Pero creo que sería necesario tratarlo en todas las asignaturas, incluida la Educación Artística, porque tanto el alumno como la sociedad entera debe entender y asimilar que lo que se aprende en la escuela no es algo que alguien se inventa porque sí y todos dan por cierto, si no que es el fruto de un largo proceso de estudio y desarrollo del conocimiento humano. Que las teorías científicas no se llaman teorías porque sean suposiciones, si no que son conjuntos de observaciones confirmadas que explican hechos y que por tanto, permiten explicar el mundo de una manera coherente.
Si bien la educación universal nace con la Revolución Francesa y las aspiraciones de la Ilustración, si ya escritores del siglo XVIII como Jovellanos hacían hincapié en la necesidad de que la educación acabara con el temor y la ignorancia masivas, a día de hoy, tres siglos después, permanece el problema.  El pensamiento mágico es parte de la psicología del ser humano, produce esperanza y reconforta la angustia vital, pero no es ni indispensable ni favorecedor para el desarrollo del individuo. Una mente crítica, racional y constructiva, ayudará en cambio, a proporcionar las herramientas necesarias para vivir más plenamente, y también atenuará los temores vitales desde otro punto de vista. No quiere esto decir que haya que negar o imponer credos, si no simplemente, hacer conscientes a los alumnos de que la evidencia es algo más fiable y enriquecedor en la construcción del desarrollo y el bienestar social.
Decía Carl Sagan que "vivimos en una sociedad profundamente dependiente de la ciencia  y la tecnología en la que nadie sabe nada de estos temas. Esta es la fórmula segura para el desastre". Una de las grandes críticas que se hace de la ciencia desde los sectores contrarios es que "la ciencia no trae nada bueno" pero, se podría cuestionar ¿cómo no se va a utilizar sólo para intereses elitistas si el conocimiento científico es algo no solo no democratizado, si no cuestionado por un sector de la sociedad? De hecho, en la escuela y en casa sí se aprende a manejar la tecnología, se aprenden las fórmulas y teorías de la física y la química, pero no parece darse importancia al para qué es necesario saber manejar todo eso. Qué llevo al ser humano a preguntarse de qué estaba compuesta la materia y de qué manera la ciencia y la tecnología han ayudado a aumentar la esperanza y la calidad de vida de los individuos. No podemos permitir que cuando los alumnos piensen en la radioactividad piensen solamente en cosas perjudiciales o cuando piensen en la tecnología sólo piensen en ocio y tiempo libre, después de los avances que ambos han supuesto en el campo médico, por ejemplo. En España, desde la introducción en la enseñanza universal del método científico y el racionalismo con la Escuela Moderna, se generalizó su uso. Pero desde los ambientes más conservadores del catolicismo hasta la introducción a día de hoy del neomisticismo proveniente de las filosofías orientales ha persistido un sector reacio a que se acepte a los profesionales de la enseñanza institucionalizada como las personas capacitadas para decidir qué entra dentro de la realidad científica y que no, en función de si está empíricamente constatado. Es decir, se pone en cuestión a la comunidad científica.
Igualmente el conocimiento artístico no deja de tener su parte científica, está estudiado y experimentado, la visión, la representación, el color,  el manejo del espacio bidimensional o tridimensional están íntimamente ligados a lo científico. Las capacidades que nos permiten investigar en arte no son fruto de unas cualidades mágicas dadas a ciertos individuos, si no del estudio y trabajo realizado por los alumnos en base a lo que los artistas anteriores han experimentado y mostrado al mundo. Igual que las teorías científicas van ampliando lo ya sabido anteriormente, los movimientos artísticos  han ido proporcionando un saber cada vez más amplio. El hecho de que hoy en día siga habiendo gente que dice "no entiendo el arte contemporáneo" es equiparable a la poca credibilidad que se da a la ciencia. No lo entienden porque no les parece creíble, porque no tienen ni pretenden tener de forma autónoma los recursos necesarios para entenderlo. Además de no entender la importancia que tiene el desarrollo del arte contemporáneo como lenguaje o forma de conocimiento simplemente porque no le ven un carácter práctico, fácil e inmediato. Como ocurre con la ciencia teórica, por cierto, la que más problemas tiene para financiarse hoy día.
Por todo esto, sería urgente y necesario que la educación en la escuela y los medios tecnológicos retome el activismo ESCÉPTICO.
Aunque esta idea ya esté presente en los programas educativos, es necesario llevarla a la práctica, para lo que propongo:
- La discusión en las aulas sobre estos temas, para que el escepticismo científico se haga oír claramente en la sociedad, sin el temor a las represalias o quejas que conlleve, para que  la educación reivindique de nuevo la necesidad del pensamiento racional.
- Que se enseñe a los alumnos a discernir las fuentes a la hora de utilizar Internet u otros medios, porque no se puede simplemente criticar las fuentes oficiales y dar credibilidad  a cualquier otra. Es necesario que los alumnos sean críticos en sus lecturas tanto cuando provienen de organismos estatales como ajenos, y que entiendan que los intereses pueden estar detrás de cualquiera, que una información tiene credibilidad en tanto en cuanto está argumentada razonablemente y que siempre debe ser contrastada.
- Que se reivindique en las aulas y los hogares el valor de los profesionales y de la educación tanto práctica como teórica, pues es tan necesario el conocimiento con rápida aplicación laboral y económica como el conocimiento más abstracto, base y fundamento del anterior. Y que se reconozca a los profesionales de cada materia como gente que ha demostrado con su trabajo académico o laboral tener los méritos suficientes para que su palabra sea tenida en cuenta.

Que la sabiduría sea en fin, tomada como un valor y no como un engaño. 

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