miércoles, 19 de febrero de 2014

NOCIONES BÁSICAS SOBRE BULLYING

Por Juan José Martinez Ruiz

Lo primero que hay que saber es que la palabra bullying proviene del término inglés “bull” que significa “matón”. El noruego Dan Olweus fue el primero en utilizar este término para referirse a un tipo muy concreto de violencia en el contexto escolar. Lo acuñó a principios de la década de 1970, cuando emprendió las primeras investigaciones sobre el tema.  Olweus definía el bullying como una “conducta de persecución física y/o psicológica que realiza un alumno o alumna contra otro al que elige como víctima de ataques de los que difícilmente puede salir por sus medios”. Hoy en día la definición de Olweus es la que continúa tomándose como referencia.

Algunos principios básicos del bullying son los siguientes:
- Normalmente, la persona que agrede es más “poderosa” que la persona que sufre los acosos. Se establece un abuso de poder.
- Es un acoso intencionado y deliberado.
- El acoso es sistematizado y regular.
- El bullying no se suele dar una sola vez, continúa repetidas veces hasta que el acosador quiera parar.
- Puede suceder en todo tipo de aulas y colegios, sin distinción de ningún tipo.
- Suele ocurrir en cualquier etapa de la edad escolar pero cobra particular énfasis en la adolescencia.
- Los profesores suelen no darse cuenta de este tipo de acoso en las aulas.
- No se rige por normas de raza o género.

Cuando se da este tipo de acoso, puede ser de varios tipos: físico, emocional o psicológico. Se manifiesta por un comportamiento de persecución y hostigamiento continuado que se materializa básicamente en 8 tipos de Conductas:
•  Comportamientos de Desprecio y Ridiculización
•  Coacciones
•  Restricción de la Comunicación y Ninguneo
•  Agresiones físicas
•  Comportamientos de Intimidación y Amenaza
•  Comportamientos de Exclusión y de Bloqueo Social
•  Comportamientos de Maltrato y Hostigamiento Verbal
•  Robos, Extorsiones, Chantajes y Deterioro de pertenencias

Los niños acosados terminan padeciendo un problema que se realimenta a sí mismo. Poco a poco, los niños acosados entran en una espiral de daño y reacciones secundarias al hostigamiento que reciben, que hace que sean percibidos por el entorno como verdaderos “causantes” de lo que se les hace. Los padres y educadores suelen incurrir en un efecto denominado “error básico de atribución” por el que van a tender a encontrar en las características de la víctima la evidencia de que las conductas de acoso tienen alguna base objetiva.
El niño que es víctima de Acoso escolar suele terminar aceptando que efectivamente es un mal estudiante, un mal compañero, una persona repulsiva, desarrollando fácilmente sentimientos de culpa y baja autoestima, así como una introversión Social que le aísla aún más de un entorno ya reducido significativamente por la acción del propio grupo de Acosadores. Los ataques que reciben los niños minan sobre todo al autoconcepto que la persona va formando de sí misma en una etapa crucial de su evolución y maduración Psicológica.
El concepto negativo de sí mismo y la baja autoestima acompañarán hasta la vida adulta al niño acosado. De esta manera el Acoso Escolar sigue habitualmente una secuencia típica de 5 fases:
Fase 1 Incidentes críticos
Fase 2 Acoso y estigmatización del niño
Fase 3 Latencia y Generación del Daño Psicológico
Fase 4 Manifestaciones somáticas y Psicológicas graves
Fase 5 Expulsión o autoexclusión de la víctima

¿Qué motivos llevan a un alumno a acosar a otro? Esta pregunta se la hacen casi todos los estudios efectuados en España. Y la responden los propios agresores, las víctimas y el profesorado.
Siempre, y a gran distancia de las demás, la primera razón que esgrimen los acosadores para justificar su actuación es que lo hacen porque se les ha provocado. Es lo que se llama “una atribución causal exculpatoria”. También el segundo motivo más señalado por los agresores: por gastar una broma. O sea, pasar un buen rato y reírse a costa de denigrar al otro. En otros casos el objetivo es simplemente “molestar”.
Algunas encuestas también recaban la opinión de los alumnos que son acosados y se les pregunta por qué creen que son víctimas de esta situación. Esta vez el hecho de “ser diferente” o ser más débil, sí adquiere importancia y está en la base de parte de los ataques.
Cuando se pregunta a los docentes qué motivos llevan a sus alumnos a agredir a otros, las respuestas se encuentran en general fuera del ámbito escolar. Los problemas familiares se apuntan como la causa principal. El contexto social aparece en segundo lugar, seguido de las características de personalidad del alumnado. En cambio, a otros factores más relacionados con ellos o con su labor docente, como el tipo de organización del centro y el clima que en él se respira, apenas les confieren importancia.
En definitiva, resulta difícil atribuir el bullying a causas concretas. Más apropiado resulta hablar de una mezcla de factores que hay que buscar tanto en la propia persona que acosa como en su contexto familiar y social y también en la escuela.

Aunque el bullying no tiene un escenario determinado y puede producirse en cualquier rincón de la escuela, sí hay dos lugares concretos en los que es más frecuente: el patio y el aula. Casi siempre, eso sí, en ausencia del profesorado. En Primaria, se produce mayoritariamente en el patio mientras que en Secundaria ganan terreno los demás espacios, sobre todo el aula. Por tipos de maltrato, parece ser que la clase es el lugar más habitual para los insultos y los motes, es decir, el maltrato verbal. El físico, en cambio, tiene lugar sobre todo en el patio, donde también se manifiesta más el aislamiento social.

Los chicos participan más en las situaciones de acoso escolar que las chicas, tanto en el papel de agresores como en el de víctimas. De ahí que el Defensor del Pueblo concluyera en su informe que el bullying es un “fenómeno fundamentalmente masculino”. Esto no quiere decir que las niñas queden al margen. Ellas también acosan y son acosadas, pero siempre en menor proporción, especialmente en el rol de agresoras. Según uno de los estudios consultados de cada 100 acosadores, 77 son chicos y 23 chicas (Avilés,
2002), lo que confirma de una forma abrumadora la mayor participación masculina desde el punto de vista del que comete el acoso.
Analizar la incidencia que tiene el acoso escolar en función del género obliga a relacionar esta variable con el tipo de maltrato. Desde este punto de vista, y a grandes rasgos, se puede concluir que los chicos son más proclives a las agresiones verbal y física directas (insultar o pegar), mientras que en las chicas son más frecuentes las formas de maltrato indirectas, sean de tipo verbal o social (hablar mal de alguien o no dejarle participar en una actividad).

Del mismo modo que el tipo de acoso escolar se relaciona con el género de víctimas y agresores, muchas investigaciones también entran a analizar cómo varía en función de la edad. En este caso, resulta más complicado sacar conclusiones.
Sí se puede concluir que el acoso verbal se mantiene como el más frecuente con el paso de los cursos y las etapas, desde Primaria hasta Bachillerato. Pero a partir de ahí, cada investigación presenta sus más y sus menos.
La mayor incidencia de la agresión física se da en 1º de Secundaria y va reduciéndose con el paso de los años. Además, el alumnado que empieza la ESO sufre la exclusión social en mayor medida que los estudiantes de cursos superiores.
En términos generales, el acoso escolar puede encuadrarse en la franja de edad que va desde el último curso de Primaria hasta el último de la ESO. Antes y después, el bullying también existe, pero la incidencia es menor. Señalan los 12 y 13 años como las edades en las que se detectan más víctimas de bullying y también de violencia escolar en general.

Tengan la edad que tengan, por norma los acosadores actúan en grupo. Puede que haya un líder, pero el hostigamiento en solitario no es demasiado frecuente, y menos todavía en el caso de las chicas. Casi siempre se produce en grupo, compuesto sobre todo por chicos de una forma exclusiva, aunque también los hay mixtos.
Aunque lo hagan en grupo, los acosadores saben actuar a escondidas de los adultos. Pero no parece molestarles la presencia de otros estudiantes. Casi todos los episodios de acoso tienen testigos. ¿Qué hacen estos testigos? Casi todos los estudios permiten concluir que no permanecen impasibles y que suelen intervenir a favor de la víctima, directamente en aquel momento o de una forma indirecta después.

De las secuelas clínicas la que más parece relacionada con el Indice de Acoso es el Síndrome de Estrés Postraumático, seguido de la Depresión. La ideación suicida o autolisis es significativa, y subraya la realidad inquietante de que los niños acosados presentan un riesgo más elevado de conductas autolíticas.
Las secuelas que presentan los niños acosados son las siguientes:
- Flashbacks / Terror 40%
- Autoimagen negativa 37%
- Depresión y ansiedad 36%
- Baja autoestima         36%
- Síndrome estrés postraumático 35%
- Introversión social         25%
- Ideación suicida o autolisis 15%

Para terminar, hay que decir que dar a conocer al conjunto de la sociedad la información sobre la incidencia de la violencia entre escolares es un paso fundamental para romper la tradicional «conspiración del silencio» que ha existido hacia este problema, superando la frecuente tendencia que llevaba a minimizarlo. Aunque también es importante evitar la tendencia contraria, la de exagerar su incidencia, transmitiendo una visión deformada de la escuela actual como un escenario permanente de violencia.



Fuentes:
Cuadernos de pedagogía Nº 359. pp. 44-51
Olweus, D. (1993). Bullying at school: what we know and what we can do. Oxford: Blackwells.
Educainnova Magazine Nº 1989-3515
Informe Cisneros VII. “Violencia y acoso escolar”
www.acosoescolar.com

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