lunes, 24 de febrero de 2014

La controversia Khan.

Por Fernando Cerezo Carrera

La Academia Khan es una web educativa que pretende, como dice su eslogan, que cualquiera pueda “aprender casi cualquier cosa gratis”. La web contiene alrededor de 2.400 vídeos en los que su fundador Salman Khan habla animadamente sobre principios matemáticos, científicos y económicos. Son vídeos de baja calidad, de entre 7 y 14 minutos de duración, en los que la voz de Khan describe algún concepto matemático o explica cómo resolver un problema mientras que sus fórmulas aparecen garabateadas en la pantalla. Pero él nunca aparece en persona en los vídeos.
Además de estos vídeos, la web ofrece un software que genera los problemas para que el alumno practique y que le recompensa con distinciones o “medallas” cuando consigue resolverlos.
En algunas escuelas de Estados Unidos se ha pasado de apreciar este sistema como un buen complemento a las clases tradicionales, a utilizarlo como sustituto de esas clases, invirtiendo el orden entre el trabajo de clase y las tareas para casa. Así, las clases son seguidas por los alumnos desde casa mediante la web de Khan y las tareas de resolución de problemas se realizan en clase al día siguiente.
Aparentemente, esta solución facilita la atención a los alumnos en el momento en el que pueden tener más dificultades: cuando se enfrentan a los ejercicios que tienen que resolver. Y, además, la web proporciona una aplicación para que el profesor pueda ver en qué momentos el alumno se atasca con alguna tarea.
Con este sistema, los profesores dejan avanzar a su ritmo a los alumnos aventajados y pueden centrarse en los que tienen más dificultades. Para los entusiastas del método, es una manera de dejar de enseñar al “término medio de la clase”, evitando que unos no lleguen y otros se queden cortos en el proceso de aprendizaje.
Uno de estos entusiastas es Bill Gates, fundador de Microsoft, que recientemente ha invertido, a través de su fundación, 1,5 millones de dólares en la web de Khan.
Pero sus detractores argumentan que el sistema de Khan fomenta las tareas repetitivas y destruye la creatividad, dejando que los alumnos permanezcan ensimismados ante una pantalla sin interactuar con sus compañeros o el profesor. También acusan a Khan de que, al no ser un profesional de la educación, no tiene ningún plan de desarrollo del curriculum escolar.
A pesar de que los niños se sienten muy cómodos con las tecnologías de los nuevos medios, muchos educadores achacan a este método que no es útil cuando la solución a las tareas que se proponen no pueden reducirse a un sí o un no. Para el software de Khan no existen las zonas grises y, por tanto, no ayuda a los alumnos a plantearse soluciones creativas.
Lo más controvertido de este sistema es precisamente lo mucho que aboga por él Bill Gates. Son conocidas sus opiniones acerca del sistema salarial para los profesores americanos, basado en la antigüedad y en su titulación, lo que incrementa los presupuestos de las escuelas y no garantiza su aptitud para ejercer la docencia.
Para Gates, además, habría que primar el conocimiento de las materias relacionadas con la ciencia y las matemáticas, en detrimento de las asignaturas de humanidades.
Su influencia política en los Estados Unidos está haciendo que calen estas teorías sobre la formación de futuros profesionales “valiosos para el país” en las administraciones educativas americanas.
Y, por lo que se ve, están cruzando océanos, como vemos en alguno de los puntos de la LOMCE, nuestra nueva ley de educación.
Incluso el hecho de que cada vez sean más los alumnos que siguen los vídeos de Khan a través de YouTube, hace sospechar a los contrarios a su método sobre la influencia de las inversiones que también ha realizado Google en la Academia Khan.
De cualquier modo, la crítica fundamental de los educadores a este sistema se centra en la falta de profundización en los contenidos; la monotonía y la falta de interés en la promoción de la creatividad del alumno, mediante el uso de la metodología de la repetición; y la vuelta, a pesar de la máscara de renovación educativa que muestra, a la clase magistral en la que el alumno escucha al profesor sin posibilidad alguna de intervenir.
Independientemente de las buenas intenciones de Salman Khan y su método, ¿estamos entonces ante una revolución educativa o ante otra estrategia comercial de las grandes multinacionales por apoderarse del negocio de la distribución de contenidos?

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