sábado, 28 de diciembre de 2013

Pisa: ¿Sueñan los niños asiáticos con juguetes eléctricos?

Por el guerrero Gerónimo.

Vestidos con un chándal que disimulan las primeras permutaciones físicas de niño a adolescente, se levantan a las seis y media del crepúsculo dispuestos a seguir su formación, asimilando en las perseveradas clases de matemáticas y tecnología. Lectura, la tercera asignatura en rigor,  para las inquietantes instrucciones de las novedosas y sofisticadas máquinas. También muy útil para poder leer y escribir un ejercicio de transacción económica y el cartel que pone a la entrada del colegio “el tiempo es ORO”. Entonces, entran a clase sin tiempo que perder, ni para la ternura, ni para la sugestión. Son los estudiantes asiáticos. Afortunadamente, no todo es así.
Tienen unos recreos donde se toman su plato de laksa, les dan un masaje en la sien, para redimir bríos y volver con fuerzas a las aulas. Por las noches comparten unos escasos metros de habitación, junto a cinco compañeros de clase, con la tranquilidad de tener un supervisor que estará pendiente de que éstos no se desvíen en sus lecturas del objetivo principal: las cifras.
“A las Artes y Filosofía, ya les dedicaré un tiempo, algún día, entre  recreos clandestinos quizás, o cuando me desechen, cuando me arrinconen” podría pensar algún alumno, aunque claro está, raras veces, por no decir nunca, en voz alta.
Los fines de semana constan atareados con más deberes. También tienen optativas: Ajedrez, plástica y música. Sin embargo,  son inspirados en atrapar asignaturas de provecho como “experimentos químicos”. Y es que allí se toman más en serio los estudios, señalaría Wert. El gimnasio tiene formas de búnker y la secretaría tiene ademanes de oficina.


A la derecha, y enjambrada de vivos neones blancos poco más o menos de comisaría, yace otra de esas máquinas fax, pero ésta todavía es de cuatro extremidades; las de “dos” siguen en clase de matemáticas: suena como un antiguo fax, pero con un diseño y tamaño muy incomparable al que reconoceríamos aquí. La nota dice así: “Enhorabuena, todo va según lo programado”. La firma la OCDE, y trata los informes PISA. Los resultados son mastodónticamente tan satisfactorios que apenas caben en un fax del siglo que viene. Nadie se mueve. Ni una sola contorsión. Rompe el silencio un pequeño aviso en las pulseras de los oficinistas de que la contaminación registra hoy el nivel más alto de partículas tóxicas, ahí fuera, muy cerca de los rascacielos de hermético diseño innovador del mañana en ciudades como Pudong, Hong Kong o Shangai. Pero todo va bien. Poseen el pódium PISA y eso les orgullece y llena de complacencia. Les hace profesar dignidad. El premio llega después de tanto esfuerzo. Lo contrario, ya sería el colmo.
El lado tenebroso de las existencias admirables.
¿Es PISA realmente el adagio de la valoración real sobre educación? ¿Es un medidor objetivo? El “premio” PISA, cuya columna vertebral la sustentan cuatro países, los llamados los “cuatro tigres de Asia”;  Singapur, Hong Kong, Taiwán y Corea del Sur, siguen una traza monetaria con réplica estadounidense en su ADN. China llama exasperada a la puerta y pide  formar parte en esa gran mesa redonda asiática: sociedades de escuelas-cuartel con el irreductible ejército industrial de reserva, hacia sus insuperables objetivos capitalistas: Abecedarios de mercado en sus aulas como baluarte  educativo y pedagógico con grandes resultados, materiales, a cortísimo plazo, lenta esclavitud a largo: galardón PISA asegurado.
¿Que significaría para una sociedad actual un estilo de educación así? Desmedida competitividad envilecida entre las gigantes firmas, germinada en las escuelas, el plenilunio de aquellas “fábricas-Revolución Industrial”, allá por el siglo XIX, ahora en Asia y pronto en el mundo entero: in cubus de esbirros del Neoliberalismo.
Un galardón a chavales en cuyo colegio se alarga la sombra de un fortín o una prisión en sus enjutas espaldas… sueños y libertades…Y… ¿Qué sueños?, en el Blade Runner asiático,  al menos, condecoración PISA a postre nupcial.
¿Hasta qué punto necesitamos PISA?
Wert abate el acelerador con la excusa de que España necesita “estar al día” con el resto de alumnos internacionales. Añade el ministro que países como Finlandia (primera posición en Europa según fuentes PISA) han quedado en enfoques más que soñados por nosotros, cuando no es si no, la parte del sector más capitalista de este país la que añora efectivamente este nórdico “proceso”. En algo no lidio ni asumo duda: la familia y la educación tienen mucho que ver en la formación del niño. Y  por supuesto, me gusta la idea de que sea gratuita y sobre todo un derecho hasta la universidad inclusive. ¿Pero… para adiestrar? Finlandia, es tan hermético país, que solo alcanza el 1% de inmigración, en comparación con el 16% de España. ¿Realmente que se está midiendo?
OCDE  no es objetiva. No mide la valoración didáctica; son premios a “fábricas” por su labor productiva, no pedagógica (entendida como la herramienta indispensable para fomentar la búsqueda de una conciencia crítica por parte del individuo). No, en libertades. Más si en control del individuo. Encapsulamiento emocional. Una encubierta muy zafia, con fresca mano de obra quinceañera.
De nuevo, burócratas adoctrinados del neoliberalismo. Los hombres grises del visionario Michael Ende se llevan a los niños para trabajar: El tiempo es oro. Aprovéchalo, pero para hacer más oro. Cualquier otra expectativa sería una estupidez.
Y…soñar, y soñar.
Desconozco a qué importe está soñar allí en Asia. Pero espero que estos “niños-obreros” puedan hacerlo con campos verdes, con caballitos de verdad, de los que saltan y jadean, de los que trotan y se cansan, y no con tiovivos con puerto USB, con sello de caducidad en el cierre, y con nombre propio  made in Taiwán. Quizás, y con un poco de suerte,  en sus fantasías tengan tiempo para la ternura, y para la seducción.
Ya nos avisaban visionarios como  Ende o Philips K. Dick, que la “contaminación”,  no nos permitirá ver el maravilloso alba del día de mañana.

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