domingo, 27 de enero de 2013

Rompiendo paradigmas


Por Alba Abad

Con frecuencia hemos oído  hablar de "paradigmas" de la educación, con la intención de ofrecer alternativas a los modelos tradicionales, argumentando que tal o cual "modelo" no responde a las necesidades socioeconómicas del momento. La sociedad y la economía van por un camino y los sistemas educativos por otro. Incluso, que las fórmulas derivadas de la Ilustración y de la Revolución Industrial ya están agotadas. También oímos, que los mejores alumnos del sistema educativo, aquellos que mejor han respondido a la "norma" y estructura de la enseñanza, no tienen por qué ser los mejores  para dar respuesta a lo que realmente demanda la sociedad y la economía. Me pregunto si lo que pretenden quienes postulan esos “nuevos modelos”, es acomodar a los individuos, a los roles de una sociedad para mantenerlos sumisos. Lo cual implica, que haya una influencia sociocultural determinada (dependiendo de los países) en los paradigmas educativos. Esto, puede ser una rémora para el progreso y desarrollo de determinadas sociedades. Además, la educación está sometida a la influencia "cultural" de diferentes países. Esta influencia cultural, puede ser también una rémora para el desarrollo y progreso de determinadas sociedades.
Se puede escuchar también, que frente a estos corsés de los paradigmas actuales de la educación, (paradigmas basados en un pensamiento más bien uniforme o culturalmente normativo),  habría que buscar otros paradigmas más plurales o de pensamiento divergente. Entendiendo por pensamiento divergente,  no tanto lo que se suele identificar como creatividad,  sino  algo más sutil: la capacidad de ver distintas respuestas o imaginar diferentes soluciones a una pregunta o problema planteado. Me recuerda la definición que daba un profesor de filosofía sobre la inteligencia, “¿quién será más inteligente? aquel que sea capaz, ante un problema dado, de imaginar más posibles soluciones, y escoger la mejor.”
Podemos estar de acuerdo con la postura de estas alterativas pedagógicas, porque  en parte son obviedades. Sin embargo, quizás caben algunas reflexiones que,  también por obvias, no son tales alternativas, sino reflexiones ancladas en la tradición.
El modelo educativo de la Ilustración, el  primero, tiene como fundamento SAPERE AUDE, atrévete a saber. Es decir, por encima de "normas", paradigmas ideológicos basados en tradición, religión o distintos mecanismos de dogmas  apriorísticos;  “atrévete a saber" según la luz de tu entendimiento y la autonomía de la razón.
Por otra parte, sí se puede observar en algunos sistemas educativos, normativas más uniformes y de pensamiento más “cuadriculado” en determinadas direcciones. Quizá tiene que ver también con lo que demanda precisamente la sociedad y economía, y que el pensamiento divergente tiene que intentar salir fuera de esos parámetros.
Lo que no dudamos, es que el avance educativo y de las sociedades tiene que ver con "el sapere aude" de la Ilustración. El pensamiento divergente, emana de este principio fundamental. Nunca se debería erradicar de ningún paradigma educativo. Así evitaremos que, precisamente, un determinado paradigma no sea un obstáculo en el progreso y avance del conocimiento y, por lo tanto, de la sociedad.
Quiero terminar con otra reflexión fundamental para todo paradigma educativo. Tiene que ver más con la práctica y adquisición de hábitos de comportamiento (cosa que no es frecuente observar en las pedagogías modernas). Sin embargo, ha estado en el núcleo de la educación tradicional desde el pensamiento griego:"adquirir desde jóvenes tal o cual hábito, no tiene poca o mucha importancia. Tiene una importancia absoluta" (Aristóteles).

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