lunes, 17 de diciembre de 2012

EDUCACIÓN y los Museos… un proceso más.


Por Gabriela Molina Soto

Antaño acudíamos a los Museos como borregos, sacando de aquella experiencia algo productivo… algo cultural, pero sobre todo comiéndonos la cabeza por lo que nos habían mostrado.
Hablamos sin duda de los Museos de Arte Contemporáneo, estos lugares ensalzados por unos pocos y mitificados por menos. En la actualidad es frecuente acudir a un Museo y contemplar como una multitud de alumnos acompañados por su profesor y un “amable guía”, contemplan con “atención” el Guernica.
Algunos de estos Museos, aunque su clasificación engañe, no son para nada centros de Arte Moderno; al contrario son si cabe destacar aún más exigentes y dogmáticos que los Museos clásicos. Solo les faltan las correas para mantener a los alumnos alejados de la interacción que podría ser hoy el arte.
 Así pues prohíben la entrada a grupos escolares sin el incentivo de un guía, somnoliento y poco perspicaz, que hace de la visita una “agradable”  experiencia que todo alumno recordará como: “aquella vez que en el cole nos llevaron a ese muermo de Museo donde nos tenían de pie mirando un cuadro absurdo y sin poder utilizar el móvil”.


El paseo por un Museo lo vemos como algo tradicional, que marca al alumno en su fase de crecimiento. Creo que es algo importante el que contemplen la cultura por sí mismos, que acudan a Museos y que en las escuelas se dé el primer paso. Pero las visitas a los Museos, se convierten para los alumnos en algo emocionante al comienzo, por el hecho de salir del aula, y después en una agonía por volver a ella. Las visitas a los Museos les resultan insustanciales, agónicas y sumamente pesadas.
Los Museos hoy día no están preparados para la avalancha de tecnología que nos invade. Están organizados  como antiguamente  y sus normas dentro de las salas no han cambiado mucho. Es raro que en el Moma se puedan intercambiar opiniones mientras ves una obra de arte y en el Reina Sofía, si estas comentando las obras en voz alta, te chisten o te pidan “educadamente “ el favor de que abandones la sala si se da el caso.
 No solo eso, el arte hoy por hoy , es nuevo, fresco y ,a menudo, pide del espectador algo más que el observar.  Suele ser normal que en esos casos el espectador interactúe con la obra a riesgo de romperla (lo que seguramente el autor de dicha obra ha previsto), así llega el caso de que el público lo viva de otra manera y salga con diferentes sensaciones. Pero debemos recalcar que esto no se lleva a cabo en el ámbito museístico, ya que las propias instituciones por miedo a que la obra de arte se rompa, brinda al espectador  la magnífica posibilidad de observan la obra en vez de interactuar con ella.
Nos sorprende que los jóvenes de hoy en día, pasen de todo lo que les rodea y peor aún no entiendan nada de lo que se les explica. Nos horroriza que no sepan apreciar un cuadro o no reconozcan una obra famosa. Pero es algo claramente normal, ya que lo que nos rodea  es totalmente ajeno a ellos. Prefieren un universo paralelo donde poder experimentar y donde sin lugar a dudas les dan todo un espacio para poder expresarse, un espacio donde volcar lo que aprenden (por intuición). Estamos en una era que debemos afrontar con cambios, cambios radicales que  permitan la posibilidad de nuevos caminos y nuevas ramas a dónde agarrarse y no quedarnos en las raíces donde comenzamos.

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