viernes, 30 de noviembre de 2012

Factores que frenan la innovación educativa


Por Alicia Otero

Según la OECD, autores de los informes PISA (Programme for International Student Assessment) que evalúa los sistemas educativos a nivel mundial, “la innovación es fundamental para la continua mejora de la educación y el aumento de los resultados del aprendizaje, la equidad, la eficiencia, y  la satisfacción del estudiante”. En España quizá sea utópico hablar de innovación en la educación pública, a pesar de que nada lo prohíbe expresamente y de que sobre el papel todos estamos de acuerdo en que es necesaria, aunque sólo sea para adaptarse al cambiante contexto social y cultural de la población, y por tanto del alumnado.

Entonces, ¿qué es lo que hace que sea tan difícil aplicar cualquier idea nueva en el aula? Quizá la respuesta haya que buscarla en la propia estructura del sistema educativo o, incluso yendo más lejos, de la sociedad. Esto hace que sea muy complicado cambiar el rumbo con gestos superficiales que no atacan los problemas en su origen sino que ponen parches aquí y allá. Y cada nueva reforma educativa no hace sino dejar claro que las personas encargadas de legislar no saben lo que tienen entre manos ni entienden muy bien las repercusiones de sus decisiones, y que sólo entienden de números, estadísticas y rankings.

Factores que frenan la innovación.

- Legislación y contenidos

Los contenidos vienen marcados tanto desde el Ministerio de Educación como desde la comunidad autónoma que corresponda. En el caso de la Comunidad de Madrid se permite sustituir el 30-35% de los contenidos por otros propios del centro pero hay que argumentarlos. Por ejemplo, un centro puede divergir de los contenidos obligatorios si crea una sección bilingüe, y lo fundamentaría con la necesidad de mejorar el dominio de idiomas de los alumnos.
El preámbulo de la LOMCE es un discurso sobre la mayor competitividad de la sociedad. Se habla de mejorar la eficiencia y los resultados, y de prepararse para el mercado internacional. En la práctica nada de esto se aplica. Los contenidos están desactualizados, y las medidas sólo persiguen el objetivo de recortar gastos (reduciendo personal, aumentando el ratio de alumnos por clase, etc.)

- Reticencia social al cambio.

La realidad es que en la educación pública un profesor puede innovar, pero ha de tener muchas ganas de hacerlo y va a encontrarse con muchos obstáculos en su camino. La innovación no se valora ni se promueve, ni cuenta con el apoyo institucional ni el de su propio centro. Tiene que considerar que hay compañeros que no van a estar de acuerdo con sus iniciativas y hay que evitar interferir con ellos.

- Carga de trabajo de los profesores.

Actualmente el horario lectivo del profesorado ronda las 21 horas semanales. Hay que sumar unas horas en que están obligados a permanecer en el centro aunque no tengan ninguna clase, y en total alcanzan las 30 horas semanales. Actualmente, los profesores de primaria y secundaria tienen una jornada semanal de 37,5 horas, por lo que las 7,5 horas restantes se hacen fuera del centro corrigiendo exámenes, preparando actividades, etc.  Además los profesores deben pasar listas de asistencia vía web, acudir a reuniones de tutores, de padres y de proyectos. Si además participan en algún proyecto que involucra a varios centros (como los de la Comunidad de Madrid) hay unas fechas y unos objetivos que cumplir para justificar lo que se está haciendo.  Esto genera más papeleo y reuniones, y disuade a muchos profesores de participar en estas iniciativas.

- Cambio de plantillas.

Es habitual que haya cambio de profesores de un año al siguiente, lo que dificulta que puedan adaptarse al centro y formar grupos de trabajo, algo en lo que se insiste mucho en el marco europeo. En España no existe una tradición de trabajo en equipo, del que podrían sin duda surgir ideas innovadoras.

- Estructura de los centros.

Los centros educativos están mal organizados. Son profesores quienes asumen los roles de director, secretario, etc. Si pensamos en la forma en que funciona cualquier empresa, un empleado tiene unos horarios y un salario que no está sujeto a cambios constantes (aunque las reformas laborales hacen pensar que vamos camino de lo contrario). Además no sería pedir demasiado que las personas al frente de cada Ministerio fuesen profesionales o expertos de su ámbito, pero no es el caso. Por lo tanto las decisiones no pueden ser profesionales, sino partidistas.

- Diversidad y masificación en las aulas.

Actualmente a los colegios se accede por distrito y no por nota. Por lo tanto, el contexto sociocultural de un centro depende del de la zona donde se encuentra. Así, hay colegios con una enorme diversidad de razas, culturas, idiomas, etc., y otros menos diversos. En la dirección del centro recae la responsabilidad de adaptarse y organizar todo para un correcto desarrollo de las clases. Pero volvemos a la eterna cuestión de los recortes en educación, los que hace que cada vez haya menos psicólogos y asistentes sociales en los centros y que no den abasto.  En algunos centros incluso se separa por grupos a los alumnos que no se adaptan correctamente por el motivo que sea, pero no con el fin de darles un tratamiento más individualizado sino como forma de “aparcarlos” en un lugar donde no entorpezcan el desarrollo normal de la clase. Además no sólo los alumnos con problemas requieren de atención más personalizada porque cada niño es un mundo, y la progresiva masificación de las aulas hace que sea imposible prestarles la debida atención.

- Padres ocupados.

Los padres se enfrentan también al problema de la falta de tiempo. Su jornada laboral impide que pasen más tiempo con sus hijos y hace casi impensable que se involucren en el colegio, hablen con los tutores, etc. En algunos centros el AMPA se coordina para atender parte de los servicios del centro. Los padres en otros países disponen de horarios más compatibles con sus hijos y se implican en su educación, ayudando a los niños con sus deberes y complementando el trabajo realizado en la escuela.

- Tecnología.

Por sí misma la tecnología no arregla nada, aunque introducir tecnología en el aula puede verse como una forma de innovación. El problema es que en muchos casos hay una gran brecha generacional profesor-alumno, y son éstos últimos los que más saben del tema. Además existe el ejemplo de colegios que prescinden por completo de la tecnología y no tienen en absoluto peores resultados que el resto. Lo ideal sería que cada centro pudiera decidir qué política seguir, pero en la práctica sólo los centros privados pueden hacerlo.

- Libertad de enseñanza.

El objetivo principal que se han marcado las instituciones es el de estandarizar la educación. Todo ha de ser medible, evaluable, e igual para todos lo que no es sino un ejercicio de desigualdad, porque equipara cosas que no son equiparables. La escuela pública en España ya es accesible a casi la totalidad de los niños pero se han sacrificado cosas en el camino, como la calidad, la diversidad y la innovación. No existe la posibilidad real de crear un colegio público totalmente libre e innovador que cuente con el apoyo institucional, y de todas formas tendría que ceñirse al currículum del ministerio. En el actual sistema educativo no se contempla esta opción porque se saldría de lo estándar,  y sólo quien puede permitirse un centro privado puede elegir qué forma de enseñanza se ajusta más a lo que busca.

-Evaluación.

La búsqueda de la estandarización que acabamos de mencionar persigue poder evaluar los centros con exámenes estandarizados, que son anti-pedagógicos, y no todas las materias se prestan a éste tipo de evaluación. Su máxima aspiración es que una máquina pueda corregir este tipo de pruebas. Así, hay asignaturas que van quedando relegadas: las procedimentales, de proyectos, objetivos, etc.  Y no hay nada más contrario a la innovación que esto. Por ello se considera que el perfil del alumno de arte es académicamente peor, porque lo que se mide no son las habilidades artísticas y en ocasiones se conduce a los alumnos que tienen problemas con las otras materias hacia las artísticas, aunque no les interesen en absoluto.


Por todo ello, la innovación es posible en teoría, pero muy complicada en la práctica. Además intentamos crear leyes que se parezcan lo más posible a las que se hacen en otros países cogiendo artículos de aquí y allá y sin considerar si son o no adecuadas para el contexto español. Se nos llena la boca hablando del alumno con inquietudes, que ha de construir su propio conocimiento investigando y experimentando, pero este alumno no dispone de un marco adecuado para hacerlo ni se buscan formas de proporcionárselo. Nos interesa más encontrar formas de interpretar los resultados que obtenemos de forma que beneficien nuestros intereses y nos haga parecer más eficientes y modernos de cara el exterior, aunque la realidad sea muy diferente.

Fuentes:
- http://www.oecd.org/
- http://www.oecd.org/pisa/aboutpisa/
- http://www.teachthought.com/trends/12-silent-saboteurs-of-innovation-in-education/
- http://profesorgeohistoria.wordpress.com
- http://www.mecd.gob.es/servicios-al-ciudadano-mecd/participacion-publica/lomce.html
- Agradezco a Altamira Sáez, profesora del I.E.S. San Isidro, el tiempo dedicado a informarme sobre algunos puntos de los arriba mencionados.


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