martes, 30 de octubre de 2012

LUCES Y SOMBRAS


Por Mercedes Cortina de la Calle


“La educación ha de llevarse a cabo como un obrar artístico, en un ambiente libre y creador. Su funcionamiento ha de basarse  en una amistosa colaboración entre maestros y padres porque  los alumnos serán siempre el centro de toda la actividad”.  (Rudolf Steiner)

Hace unos días llegó a mis manos la noticia chocante de que los grandes de la informática de la llamada Silicon Valley, llevan a sus hijos más jóvenes a una escuela que no utiliza ordenadores en sus actividades pedagógicas. Se trata de la Walford School of the Peninsula, en EE.UU. La noticia aparecía en Le Magazine du Monde, y luego en Vanguardia el 4 de septiembre del año actual. Pierre Laurent, uno de los padres en cuestión, -que, por cierto, gastan en la escuela de sus hijos una media de 20.000 dólares-, decía al respecto "L'ordinateur n'est qu'un outil. Celui qui n'a qu'un marteau pense que tous les problèmes sont des clous,argumente-t-il. Pour apprendre à écrire, il est important de pouvoir effectuer de grands gestes. Les maths, ça passe par la visualisation dans l'espace. L'écran gêne l'enseignement. Il diminue les expériences physiques et émotionnelles." 
En contraste con esta noticia, no dejan de aparecer en los medios artículos en que se defiende el uso de las llamadas TIC en la educación como condición sine qua nom para acceder al conocimiento propio del siglo XXI y, por ende, al progreso de las personas y de los pueblos. ¿En qué quedamos? 
La aparente contradicción no lo es tanto si analizamos cada uno de los planteamientos propuestos como antagónicos: 
La escuela frecuentada por los niños de la Silicon Valley se incluye en el grupo de colegios Walford repartidos por todo el mundo. Se llaman así porque su creador, el filósofo austriaco Rudolf Steiner fue el encargado de poner en marcha la primera de cigarrillos Waldorf-Astoria. Aquel centro surgió con una pedagogía ya peculiar acorde con los tiempos de posguerra que se vivían y pronto la experiencia se repitió en varios países europeos hasta que los nazis la prohibieron. Después de 1945 volvieron a abrirse centros y a extenderse por todo el mundo hasta ser más de tres mil.
¿Qué tienen en común estas escuelas? Una educación que sus pedagogos consideran “para la vida” en la que el arte tiene un papel especial, en la que se armonizan el desarrollo creativo de las capacidades manuales, con las emocionales y las intelectivas. Abundan los centros de infantil y primaria más que los de secundaria y efectivamente en ellos, los niños hasta una determinada edad ni utilizan ordenadores ni se centran en procesos intelectivos meramente abstractos hasta que no hayan madurado suficientemente. En cada lugar los niños aprenden las tradiciones y cultura propias con respeto por las demás. Además, muchas Escuelas Waldorf  pertenecen a la Red mundial de Escuelas Asociadas a la U.N.E.S.C.O. porque integran en sus proyectos educativos los ideales democráticos, la educación para la paz, el trabajo multicultural y la solidaridad entre los pueblos.
En España comenzó a conocerse esta pedagogía en 1975 cuando un grupo de padres y de maestros prepararon el primer jardín de infancia Waldorf y lo abrieron en 1979, en Las Rozas (Madrid). En la actualidad, hay aquí diecisiete Centros de Educación Infantil, cinco Centros de Educación Primaria, un Centro de Educación Secundaria y Bachillerato, cinco Centros de Madres de Día y tres Centros de Formación del Profesorado en Pedagogía Waldorf, repartidos por Madrid, Barcelona, Lugo, Álava, etc. Además otras iniciativas siguen sus planteamientos como las terapias a través del arte para niños con problemas educativos de todo tipo.
En definitiva, desaconsejan el uso de la tecnología computacional en los primeros cursos de la educación pues creen que no es necesario y que antes han de desarrollarse en el niño habilidades y sensibilidad que no precisan de tales herramientas. Es decir, ya tenemos la primera matización: en la más tierna infancia, no; después…
Pasemos al polo aparentemente opuesto. Según Alex Barnes, en “El gran desafío pedagógico”, (lavanguardia.com), las TIC consiguen un aprendizaje eficaz y acorde a las necesidades del siglo XXI, si los profesores saben utilizar estos medios y logran que estén realmente integrados en el proceso educativo. Según él, en Matic, un estudio sobre el aprendizaje de niños de tres años realizado por Toshiba y La Salle Bonanova, un centro que ya incorpora muchos medios tecnológicos en algunas aulas, evaluó y comparó durante tres meses la evolución de 52 niños en el aprendizaje de los números, con alumnos que seguían el sistema tradicional y otros que aprendían sólo con las TIC, un Tablet PC por alumno, una pizarra interactiva y un profesorado preparado específicamente. El alumnado del aula TIC, que partía con una evaluación media de 3,4, acabó con una media de 8,5. Los pequeños sin TIC partían de una evaluación media de 4,7 y acabaron en 6,9. Claro que no se nos dice en qué consistió realmente el aprendizaje, ni cómo y con qué contenidos se midieron los resultados, ni cuáles eran las características de los integrantes de cada grupo, etc. El estudio concluye que los alumnos Matic “demostraron una actitud más entregada a las actividades escolares y trabajaron más motivados y atentos: se convirtieron en alumnos más autónomos, atrevidos y curiosos”.  
En el mismo sentido vemos en un reciente artículo publicado en el portal institucional de Microsofl, Bill Gates señala que "las nuevas tecnologías pueden ofrecer oportunidades sin paralelo para mejorar el ambiente educativo en función de los estudiantes, maestros y administradores. Los alumnos y maestros pueden participar en clases virtuales que expanden el mundo más allá de las fronteras, y explotan los recursos localizados en cualquier tipo de institución conectada a Internet". Según Marcos Fontela en Educatic, “un punto de coincidencia para todos los popes internacionales del sector informático, reside en que tanto el crecimiento económico como el político, dependen de la calidad de la educación de cada país y la capacidad para incorporar las TIC al proceso de enseñanza-aprendizaje. Las cifras así lo demuestran. En los Estados Unidos la tecnología destinada al ámbito educativo supera los cinco millones de dólares, mientras que el Reino Unido invierte no menos de cien millones de libras al año”.
¿A quién hacer caso? Sigamos nuestro análisis. Ahora podemos referirnos a un aspecto que matiza la diferencia de las posturas: los niños de Silicon Valley han mamado las nuevas tecnologías en sus casas, si se me permite la expresión. No tenerlas en las escuelas es en su caso menos significativo de lo que parece y puede ser hasta higiénico. Cuando incorporen Las TIC al trabajo intelectual, para ellos serán tan familiares como un martillo en casa del carpintero. ¿Sucederá otro tanto en el resto del mundo y para el resto de los críos en el mundo? Evidentemente, no.
Habría que estudiar seriamente y al margen de intereses economicistas en qué momento de la vida escolar de los niños es adecuado incluir estas herramientas como se ha estudiado cuándo es más apropiado enseñar a leer o a multiplicar. Pero lo cierto es que los ordenadores, internet, los móviles, las tablets, etc. son instrumentos imprescindibles en el conocimiento y la comunicación actuales. Contar con ellos o no marca el grado de desarrollo posible de grupos, individuos y países. La educación en consonancia no puede vivir de espaldas a esta realidad.
Concluyamos que ni el lápiz hace al dibujante ni la pluma al escritor. El ordenador tampoco hace genios, ni siquiera eruditos. Tenemos mucha más información hoy de la que podemos siquiera imaginar pero es muy difícil transformarla en conocimiento y menos aún en conocimiento útil a la comunidad. Este es el gran reto de los profesores y maestros hoy. Podríamos empezar por, sin necesidad de aparatos, provocar la creatividad de los niños, desarrollar el espíritu crítico de los adolescentes y su capacidad de análisis, aprovechar su sensibilidad para llevarles del arte a la vida y de la vida al arte para que aprender sea un esfuerzo que lleve no solo a la verdad del conocimiento sino también a la belleza de la vida.

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