miércoles, 29 de febrero de 2012

ERA CONSUMAR, NO CONSUMIR


Por Guillermo Martínez.

Con un juego de palabras similar se inicia un texto de Luis Duch y Albert Chillón (curioso apellido para un humanista ) que recomiendo (ENLACE). En él nos explican que aunque la crisis actual se muestra con total crudeza en el ámbito económico sus radiaciones abarcan todo tipo de sistemas, desde el político al cultural pasando por el borroso mundo de la ética y sus ahijadas, la cultura y la educación. A los dos diagnósticos habituales, a saber, por un lado el “tropiezo” financiero según los medios y los tecnócratas, y  por otro el desgaste del estado de bienestar, según las Ciencias Sociales, los autores añaden un tercero de orden menos cuantificable desde el punto de vista cartesiano pero no por ello menos relevante: el roñoso encogimiento de espíritu que acompaña los tiempos que lidiamos. Para avalar semejante diagnóstico aluden a  gente cuyo trabajo desconozco pero creo que con poner la televisión a ciertas horas cualquier persona sensata sabe por dónde va la vaina… Indican también que siendo España un país por el que la Ilustración pasó de puntillas y cuya identidad se ha construido sobre el odio al otro, como perro que ladra a lo desconocido, no es extraño que aquí esté cayendo una chaparrón de aupa y se agudicen los efectos de la enfermedad. Con una ciudadanía ( entre la que me incluyo) adormecida tras el cocido y unos intelectuales que ladran poco y muerden nada se nos viene abajo el chiringo. Concluyen sugiriendo que NO ES CASUALIDAD, pues, que la debacle sea coetánea al momento en que los saberes no mercantiles se van al garete y que ojito, pues el caldo de cultivo es ideal para el florecimiento de mensajes de tipo redentor que ya sabemos cómo y con quién acaban . Y yo tan cansado y con estos pelos…


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