martes, 21 de febrero de 2012

Educación Vital


Por Paula Fernández

Todos estamos inmersos en un sistema de “enseñanza del miedo”, consistente en educar para “defenderse” de amenazas y miedos de todo tipo más que para expandir nuestra vida hacia una sabiduría simple, concreta y alegre. Esta pedagogía de las pasiones tristes identifica la felicidad con la satisfacción material.
Swami Kriyananda, en su libro “Cómo educar para la vida” , afirma que el ser humano, para funcionar plenamente y de forma eficaz en este mundo, debe desarrollar cuatro instrumentos de madurez: 1) Energía física y autocontrol corporal, 2) Calma emocional y sentimiento expansivo, 3) Fuerza de voluntad dinámica y tenaz, 4) Intelecto perspicaz y práctico. Si se suprime de la ecuación uno de estos aspectos, la educación se distorsiona. Cada uno de ellos depende, para perfeccionarse, de los otros tres.
La edad escolar es el mejor momento para elevar la conciencia de los niños y jóvenes y mejorar, en consecuencia, todos los aspectos de su vida. Si a un individuo se le enseña desde pequeño ciertas estrategias, no se verá obligado, como la mayoría de los adultos, a trabajar duramente para superar las tendencias negativas adquiridas con el tiempo. Es importante, pues, una buena base de disciplina desde una temprana edad.
La escuela puede convertirse en un luminoso lugar de crecimiento si el ambiente está impregnado de alegría y armonía. Los niños pueden crecer más equilibrados y serenos si los profesores se preocupan no sólo de su crecimiento intelectual, sino también del cognitivo, emocional, moral y espiritual. Los niños necesitan ser nutridos a un nivel más profundo y esto exige un método nuevo de enseñanza, así como la cooperación parental con este sistema.
El sistema educativo se concentra en enseñar hechos, pero dedica muy poca atención a desarrollar la capacidad del estudiante para absorber la información que recibe. Se le proporcionan los instrumentos exteriores para la realización, pero no se le sugieren jamás los métodos para desarrollar sus poderes de concentración, su memoria o su capacidad para pensar con claridad, sin los cuales los instrumentos son inútiles.
Durante demasiado tiempo la educación ha estado encaminada al desarrollo de la mente. Es necesario abrir la escuela a nuevas posibilidades para despertar en los estudiantes la intuición y la confianza, para encaminarles, hacia la madurez.

Referencia: Swami Kriyananda, (1997), “Education for Life”, Crystal Clarity Publishers.

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