martes, 21 de febrero de 2012

APOQUINAR EN EL REINA Y UNA VINDICACIÓN DE LO RANCIO


Por Guillermo Martínez

“Esta es la lección de la vida, la primera y la última y la más profunda,
que nos liberemos de la condena que anudaron los conceptos”
“Si separáis la forma del contenido, no sois artistas que crean”
Hugo von Hofmannsthal.

He leído en el foro críticas sobre el tufillo a negocio que desprende el cobro de entradas en el Reina Sofía. No acabo de tener claro que un museo deba de ser gratuito. Si alguien tiene interés real en visitar un museo, que lo pague. Lo único exigible es que la tarifa sea razonable, cosa que creo que se cumple en el caso que nos ocupa. Entiendo que debe favorecerse desde las instituciones  la difusión de la Cultura, pero no veo que lo anterior sea incompatible con ingresar algunos eurillos para el mantenimiento del museo en cuestión.  De acuerdo,  el Arte no es un negocio. Pero su difusión implica dinero. Si la afluencia al Reina ha sido escasa en el último año no creo que se pueda achacar a su precio sino al poco interés que despiertan sus propuestas (lo que no las descalifica necesariamente) o a otras causas que se me escapan. Si la gente paga 100 euracos por un partido de fútbol ( cosa respetable, si es lo que les apetece  y pueden permitirse ) no creo que gastarse 3 en un buen rato de paseo por un espacio lleno de estímulos y con un patio de lo más molón para echarse un cigarrito o leerse el periódico sea un atropello. Personalmente admito con cierto insolente rubor que ni recuerdo la última vez que visité sacrosanto lugar ya que no puede acudir a ver el trabajo del señor Muntadas. Por otra parte y entrando en el tema de la formación en Artes, he leído en el foro y es una argumentación habitual en el entorno de los aficionados a las artes plásticas aquello de que el Arte no son manualidades y la Belleza está caduca y huele a rancio y que el modelo de enseñanza de la disciplina debe acercarse a criterios de evaluación basados en la inteligencia. No comparto dichos criterios. Al menos la manualidad exige un oficio artesanal que ejerce una labor de criba sobre los candidatos a artistas. Si eliminamos ese filtro es muy probable que hasta que amanezca en el bosque no distingamos bien entre pájaros de ascenso celestial y otros de vuelo gallináceo, o lo que vislumbrábamos como un heroico lobo estepario no sea más que un zorro. Claro que encontrar el misterio en la materia y sublimarla es mucho más complicado que generar ocurrencias o articular discursos. La inteligencia no es Arte. Y plantear la formación en artes plásticas como una suerte de inteligencia me parece un error de gran calibre. Con la inteligencia se escriben ensayos, se hacen estudios sociológicos sobre impactos urbanos, se documentan procesos sobre la evolución de la identidad personal, se construyen ingeniosas tramas ficticias , se generan juegos dialécticos brillantes y fuegos artificiales de la lógica. En definitiva, armamos el concepto y luego lo envolvemos. Pero la inteligencia por sí misma no es fuerza capaz de engendrar poesía, genio o grandeza. Asumo que al expresarme en semejantes términos caigo en riesgo de ser tachado de pedante, pero tal tacha creo que es sintomática de un entorno cultural de vitalidad deficiente que tiene miedo a las grandes palabras. Produce sonrojo hablar de Dios, de la Memoria, del Tiempo,de la Muerte, del Sexo, y sustituimos estas palabras por otras más cuantificables  y en definitiva más cercanas a la lógica. Es fácil encontrar inteligencia. Lo difícil es encontrar creatividad. Yo personalmente tengo la suerte de conocer a un número nada desdeñable de personas inteligentes e incluso alguna que otra de cierta brillantez intelectual, pero artistas, lo que se dice artistas…creo que ni uno. Conozco a algún que otro artista de la vida y a veces hasta sospecho que esa es la mayor obra de arte que puede aspirar a construir un hombre ( o mujer): hacer de su vida una pieza artística perfecta en la que se fundan forma y contenido en gloriosa armonía. Pero esa es otra historia . Puede que nuestra misión como formadores vaya más encaminada a esa meta ( ayudar a revelar la creatividad personal) que al fomento de un ingenio publicitario, para el que las tabernas,los salones y el callejeo son foros más adecuados.

1 comentario:

  1. Aunque es un poco tarde, te agradezco la propuesta que es toda "una enmienda a la totalidad" del arte, tal y como se entiende en los ambientes especializados desde (en España) 1957. A mi juicio, desde el punto de vista educativo, puede ser mucho más operativa una propuesta como la tuya que otras aparentemente más modernas...

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