martes, 8 de noviembre de 2011

Sobre “NORMAS PARA EL PARQUE HUMANO”, de PETER SLOTERDIJK (Editorial Siruela. Biblioteca ensayo)


Por Guillermo Martínez del Olmo

SOBRE SLOTERDIJK Y SUS COBAYAS

Leí hace tiempo este texto ( que en realidad es una conferencia transcrita) y si bien hubo partes que no llegué a entender bien, consiguió seducirme por su brillantez, erudición, capacidad de síntesis, y por encima de todo, por la irreverencia de su peculiar punto de vista sobre el tema de la decadencia del modelo humanista para generar una sociedad de hombres mejores, entendiendo como mejor todo aquello que fomenta la ecuanimidad, la templanza, la empatía, la capacidad crítica y, en definitiva, las destrezas necesarias para transformar el mundo que habitamos en un lugar más amable y justo.
Sloterdijk plantea  él que las lecturas clásicas escogidas por el Humanismo son parte de un sistema que intenta amansar a la Bestia que todos llevamos dentro y que dichas lecturas empiezan a perder el combate frente a medios audiovisuales (el circo romano moderno ) que fomentan un tipo de comportamientos muy alejado del canon humanista.
Parte de la irreverencia ya mencionada viene dada por el tratamiento del tema: abundan en el vocabulario del texto términos como “crianza”, “doma”, “parque zoológico” y otros de la misma ralea que dotan al contenido de cierto aroma que oscila entre lo puramente biológico y lo eugenésico. Y ya sabemos que cuando un filósofo alemán habla de cobayas puede provocar ciertos escalofríos…
Dado que vivimos tiempos “postliterarios” y el libro pierde peso…¿Cómo amansamos nuestra parte "salvajuna"? ¿Qué tipo de maestro (“criador”) debe imponerse?¿ Hay que plantearse tirar de genética y ciencia para una selección biológica? Es aquí donde el tembleque aparece… Como dice el autor: “¿ Quién tiene aliento suficiente para imaginarse una época en la que Nietzsche sea tan histórico como lo fue Platón para Nietzsche?”. En lo que al que subscribe respecta, prefiero responder a la pregunta con otra cita: “Los misántropos fingen despreciar a la humanidad por su debilidad, pero en realidad la odian por su fuerza. (…) Cuando Nietzsche tiene la increíble falta de humor e imaginación de pedirnos que creamos que su aristocracia es una aristocracia de mentes fuertes, es necesario señalar la verdad. Es una aristocracia de nervios débiles.”
Sugiero la lectura de el ensayo, cuyo didactismo regatea con brío el peligro de caer en un aburrido "sesudismo".

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